El Pontevedra se impuso a la Ponferradina, que dio la sorpresa por floja en ataque y defensa
08 nov 2016 . Actualizado a las 11:00 h.Calentó el Pontevedra la fría tarde de noviembre que ayer amenazaba con helar Pasarón en el enfrentamiento entre dos de los equipos más peligrosos y parecidos de la tabla. Puso calidad y valentía sobre el césped, y el juego le respondió con tres goles de una calidad incuestionable y una justicia absoluta.
No quiso desperdiciar ni un solo minuto el Pontevedra, y salió ya en actitud de alerta al campo. Dejó pasar menos de cinco minutos de partido antes de lanzar el primer aviso. No fue una advertencia sin vuelta atrás, solo una avanzadilla de lo que Jacobo Trigo estaba dispuesto a dar durante el partido, uno más, para hacer, cuando menos sufrir a los visitantes. Tres y medio después, su tocayo y compañero de equipo protagonizaba otro tiro a puerta que acabó pasando por encima de la portería. Ellos todavía no lo sabían, pero les quedaban por delante muchas otras ocasiones de gol que no llegarían a materializarse. Al menos, durante la primera parte del encuentro.
Los visitantes captaron el mensaje enseguida, y mantuvieron su posición en el campo sin arriesgar. Intentando defender su área, apenas protagonizaron jugadas dignas de mención. Las faltas hacían acto de aparición de vez en cuando, fruto de jugadas limpias que acababan con un choque de cabezas u otras consecuencias sin gravedad. Ambos equipos se empeñaron en presumir de juego sin dejarse seducir por trucos fáciles o que pudieran terminar aburriendo a la afición.
Esta, desde las gradas, respondiendo a lo atractivo del cartel del encuentro, participó activamente en el partido, dejándose desquiciar cuando las oportunidades lo requerían y conquistar cuando su equipo se ponía a ello. Era su forma de responder a la viveza con la que los de Luisito intentaron regalarles un espectáculo bañado en gol. No lo consiguieron durante los primeros 45 minutos, pero no se les puede echar en cara que no lo intentaran.
Sin goles el primer tiempo
Con un despeje entre medias de Bruno para ahorrar disgustos innecesarios al Pontevedra, la siguiente ocasión clara de gol fue obra de Mario Barco, que continuó poniendo sobre el césped su buen juego y su carácter cuando de faltas se trata. Lo lanzó con tanta potencia como altura en el minuto 23, y el balón acabó en la grada. Mucho más cerca estuvo Fuster de marcar el primer tanto del encuentro en la falta que tiraba en el 35 a causa de una amarilla que acabó leyendo el nombre de Portela.
Tampoco volvieron los pontevedreses a verse tan cerca de la portería leonesa hasta poco antes de terminar el primer tiempo, en el minuto 38, cuando Jacobo realizó el último intento antes de irse a los vestuarios desde el lateral izquierdo. Fue un disparo arriesgado que se pasó de largo, pero que siguió alimentando la satisfacción del personal en las gradas. De todos los colores.
Resultaba indiscutible el mérito del Pontevedra y, aún así, la justicia llegó en forma de penalti. No había transcurrido el primer minuto del segundo tiempo cuando el colegiado mostraba la primera cartulina a Xisco, que por una mano clarísima que hizo para intentar detener el cabezazo que acababa de lanzar Mario Barco. Un disparo limpio de Bonilla la clavó en la red y comenzaba la escalada del Pontevedra en el marcador.
Tras un par de jugadas más que recordaban que la valentía corría por cuenta de los locales, los ponferradinos hicieron una tímida incursión en el área granate. Se saldó, como prácticamente toda las anteriores, con un remate sin apenas peligro. Pasó por arriba en esta ocasión, pero cualquier otra opción habría sido casi igual de inofensiva. Poco después Trigo terminaba así de consagrarse como la estrella del partido con una jugada que arrasó todo el trayecto que hizo desde la banda izquierda hasta aterrizar justo frente a la portería, donde lo esperaba Añón para darle la puntilla, sin éxito.
El segundo gol resultó, al final, otro acto de justicia. Era el penalti sobre Bruno que la Ponferradina le debía al Pontevedra y que no había pitado, apenas un minuto antes, el árbitro. Una falta sí detectada por el colegiado unos segundos antes dio el balón a Bonilla, que se la centró a Barco para que este la convirtiera en el tanto al lanzarse en plancha.
Y Edu, por fin, en el minuto 88 hizo su primera parada.