La curva de los centenarios

maría cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Pontevedra tiene en un radio de cinco kilómetros cuatro vecinos con más de cien años

26 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Estribela, O Marco, Lérez, Pontevedra ciudad. Distribuidos en una línea curva de cinco kilómetros que dibuja una media luna, dichos lugares del concello de Pontevedra cuentan entre sus habitantes con cuatro vecinos (dos mujeres y dos hombres) que ya han superado los cien años. Y a la esposa de uno de ellos ya solo le faltan diez para hacerlo. Nadie sabe cuál es el secreto ni tampoco cómo la que es la ciudad gallega con la media de edad más baja de Galicia concentra en tan poco espacio a tantos centenarios. Puede que sea casualidad.

O quizá puede ser que cada uno de ellos tenga una receta propia. Porque lo único que tienen todos en común es que se han pasado la vida trabajando. Como explica Erundino Sabarís, nacido en 1911, «o que hai que facer dos oitenta para arriba é levar a mellor vida que se poida».

Es lo que hace. Igual que su mujer, Rosario. Llevan casados más de setenta años y mientras pasean a orillas del Lérez todavía se cogen de la mano. Caminar junto al río cada tarde es una de las cosas con las que engañan al tiempo. No son muchos los ojos que, como los suyos, han visto discurrir la historia de diez décadas. Desde uno de los bancos del parque de A Seca, Erundino deja escapar pequeños recortes de su pasado, de su vida juntos.

Recuerda cuando se casaron, la época en la que trabajaba haciendo carreteras a pico y pala o cuando iba a las ferias. Fue allí donde se le escapó fumar algún cigarro. «Porque fumar non fumei. Era para pasar o tempo cando non viñan comprar o rabaño», dice. Lo que le gustaba era tomar algún vino. Aún lo hace, pero «con gaseosa».

Ejercicio

El vicio de pasear también lo tiene Carmen Estonllo. Nacida en 1910, es otra de las centenarias que vive en esa media luna que se dibuja en un radio de cinco kilómetros. «Estou como unha rapaza», dice. Hasta hace dos años andaba incluso en una cinta que compró su hijo. Pero la máquina se estropeó y ahora solo pasea con una vecina. Pero, como dice, «non anda nada».

Aunque la comparación no es buena al hacerla con alguien que rebosa actividad. Cuida las plantas, ve cada día el telediario porque de la programación lo que más le gusta «é o parte» y hace la comida para su hijo. Lo que elabora con mayor cuidado es «un caldiño» de verduras que toma todos los días. La receta es fácil: «Pos un puño de lentellas a cocer, un puerro, unha cenoria, verdura galega e fas o caldo. Cando empeza a ferver botas un chorro de aceite, unha patatiña picada e un puñiño de arroz. Pásalo polo pasapuré». Lo toma como primer plato, desde hace ya mucho tiempo. «Díxomo o médico», confiesa.

Las verduras que echa son de la huerta que cultiva con la ayuda de su hijo y una señora que la atiende por la mañana. «Aínda plantou ela os tomates», dice uno de los hijos de esta mujer. No hay más que verla.

Igual que otra vecina del lugar de Estribela. A Concepción Abeledo le gusta jugar a las cartas. Nació en Lalín en 1911 y hace unos años se trasladó a Pontevedra, donde vive con su hija Sara. «Traballaba nas fincas e dende pequena ía coas vacas e coas ovellas», recuerda ahora. No sabe cuál es su secreto. Quizá comer de todo y llevar una vida tranquila. «Le gustaba mucho el cerdo», apunta Sara. Aunque algo que adoraba era ir de romería y «bailar». Ya en Pontevedra adoptó otra costumbre, la de bañarse todos los días del verano en Placeres. No importaba el frío.

El decano de los centenarios pontevedreses que viven en ese eje de cinco kilómetros es el recientemente homenajeado Castor Álvarez. Nació en 1906 y esta semana acudió hasta el ayuntamiento por su propio pie para recibir la felicitación del alcalde.

Lo que no han hecho nunca es quedar o reunirse en algún lugar para conocerse y charlar. Y es que, pese a estar tan cerca, no se han visto nunca. Y eso que son de la misma generación.