AL FILO | O |
23 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EL CORAZÓN de Lalín tiene un sonido a campanas, las cdel reloj de la iglesia que marca el paso de las horas. Sobre los escaparates se dibujan ya estos días abetos, soles y nubes que anuncian la Navidad. En el Pontiñas Papá Nöel cabalga en trineo bajo el techo del centro comercial a la espera de clientes y en la calle, día sí y día también, se habla de algún campanazo. Que si el alcalde va para conselleiro, que si dirige la campaña del PP en las próximas autonómicas, que si van a construir un concello que no se sabe muy bien cómo será pero que va a ser la leche. Ya lo decía alguno: «Que falen de mín, aínda que sexa mal». Hoy alguien desde Madrid situaba Pontevedra y al nombrarle Lalín comentaba: «¡Ah! sí, ese pueblo tan famoso». Y del pueblo, todo hay que decirlo, nuestra interlocutora conocía algunas cosas, pocas, pero entre ellas que tenía un alcalde peculiar. Lalín ya no sólo está en los mapas presumiendo de ser el Kilómetro Cero de Galicia o de buen cocido. En la calle algunos creen que se peca de ambiciosos, que un municipio de este tamaño no puede tener un Concello a la vanguardia como si fuera una gran capital con las arcas llenas. Pero ya lo dice el refrán: «Para pescar troitas hai que mollar o cú».