Cuando la seda se convierte en arte

El proyecto artístico de Marián Costa Giráldez y Paz Rivas Hervada reivindica el papel de las mujeres como artistas del textil


pontevedra / la Voz

Ouriceira es la playa de Covelo (Poio) que da nombre al proyecto artístico de Marián Costa Giráldez y Paz Rivas Hervada: OuriceirArTextil. Estas dos virtuosas de la pintura en seda son vecinas de este enclave de la Ría de Pontevedra. En su arenal se conocieron cuando sus hijos eran muy pequeños y acabaron compartieron su afición por el arte y dando rienda suelta a su creatividad en el ámbito textil.

«Cada una por su lado teníamos ya nuestra propia historia artística. Yo pintaba, ella pintaba...». Explica Marián, que es licenciada en Filosofía y dedicó toda su vida profesional a la educación como profesora del IES Sánchez Cantón. Aunque participó en alguna exposición colectiva, su actividad laboral le impidió dedicarse plenamente a la pintura hasta que, tras su jubilación, de la mano de Paz se introdujo en el mundo de los textiles. Desde 2014 tiene si propio taller en su casa de Covelo, donde trabaja con diversos materiales, especialmente la seda, para pañuelos y fulares.

Paz reside en Madrid, es licenciada en Historia del Arte y desde muy pequeña dos cosas han marcado su vida: los espacios y los viajes. Ha trabajado proyectando viviendas en distintos estudios de arquitectura y a eso se dedicó prácticamente toda su vida, a proyectar, a reformar viviendas y a viajar. Comienza a investigar y a pintar y en una de las ocasiones en las que va a Covelo-Ouriceira le enseña a Marián en lo que está en ese momento. Ella también se emociona y siente la misma necesidad de explorar el camino de la pintura sobre seda.

«Cuando me enseñó las sedas pintadas dije: ¡Qué preciosidad!, yo quiero hacer eso. Dime qué hace falta. Ahora mismo bajo a Pontevedra y lo traigo todo», cuenta Marián. Así fue como las dos se metieron de cabeza en este fascinante mundo que les ha llevado hasta OuricerArTextil, compartiendo experiencias.

Bastidores manufacturados

Han investigado distintas técnicas, alguna de su propia cosecha como el diseño de los bastidores. «Yo me los hice de madera, bricolaje total, con cuatro palomilla y tubería de fontanería, y Marián con poliespán, que encima son ligerísimos y súper eficientes».

Trabajan con distintas calidades de seda y tejidos de lana muy fina. Estas telas requieren de pinturas especiales. Son transparentes y por tanto los colores se superponen de modo que pueden obtenerse interesantes tonos y efectos. Para fijar los colores es preciso someter la pieza a altas temperaturas a vapor, con lo que se alcanza mayor riqueza de tonalidades y más brillantes.

Las piezas, fulares y enormes pañuelos usables o enmarcables, se pueden lavar a mano con agua fría y jabón neutro, siendo conveniente añadir un poco de vinagre en el último enjuagado.

A medida que su producción fue creciendo, Marián y Paz decidieron exponerla. Lo hicieron a principios de diciembre en el entorno de la pequeña playa de Ouriceira, el punto de encuentro y confluencia donde estas creadoras pintan las delicadas telas con todo tipo de formas y colores.

 

No fue una exposición al uso, sino una fiesta para compartir su trabajo con sus numerosos amigos, con las piezas colgadas de forma muy cuidada entre los árboles y con el mar de fondo. «Muchos de esos amigos -asegura Marián- han sido parte activa y necesaria de este proyecto y sin ellos ni este taller ni sus obras verían la luz».

Arte reivindicativo

Marián Costa y Paz Rivas quieren revalorizar el papel de muchas mujeres que pusieron sus manos y su creación, casi anónimamente, al servicio del arte. «Por ello, desde la ínfima parcela que nos corresponde, quisimos visualizar nuestro trabajo como un reconocimiento a todas ellas y sumarnos a la actual ola de empoderamiento del textil en el conjunto del arte como se patentiza, por ejemplo, en la Bienal de Venecia».

En este sentido, razonan que «los bordados, en general las llamadas artes de aguja y bastantes piezas textiles realizadas de forma no industrial y asociadas al universo de lo femenino, se suelen encasillar en el grupo de artesanías». Algo con lo que tampoco están de acuerdo estas creadoras. «En qué se diferencia de las exquisitas telas que Klimt representa en sus lienzos, apreciados como obras maestras, o de los múltiples cuadros de afamados pintores en que los protagonistas son encajes, satenes y alfombras».

Marián y Paz lo tienen claro. «Lo que de forma oficial es considerado arte depende siempre del contexto cultural y de los valores dominantes». Y añaden: «En nuestro entorno fue una cultura de patriarcado uno de los elementos que sirvió para ensalzar a ciertos autores y determinar que obras debían ser consideradas como arte y, por el contrario, cuales quedarían relegadas a obras menores». Artesanías y sus autores, frecuentemente autoras, debían permanecer en el anonimato o en un plano inferior.

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