Asesinos vicarios

MORAÑA

emilio moldes

David Oubel, el parricida de las niñas de Moraña, fue el ejemplo palmario de esa violencia intrafamiliar que busca dañar a una mujer, a una madre, donde más le puede doler

27 jun 2021 . Actualizado a las 22:36 h.

El 31 de julio del 2015, David Oubel, conforme a un plan preestablecido, empleó una motosierra y un cuchillo para matar a sus propias hijas, buscando el daño máximo contra Rocío Viéitez, su expareja, la madre de las niñas. Premeditó sus actos. Previamente las drogó con un cóctel de fármacos lo que, sin embargo, no rebajó la brutalidad y el dolor de semejante masacre que cometió en el domicilio de Moraña donde las pequeñas, de 4 y 9 años, pasaban el período de vacaciones con él. Las mató en la víspera de devolvérselas a la madre. Buscó infligir el mayor dolor posible.

Este crimen que todos los gallegos recordamos, es un caso de libro de lo que ahora se reconoce como «violencia vicaria». Fue en ese mismo año 2015, cuando una socióloga clínica llamada Sonia Vaccaro, argentina radicada en España, acuñó la definición. Emplea el término «vicario» para conceptuar el castigo que ha sido sufrido o realizado por una persona en lugar de otra. Un asesino vicario es aquel que, como Oubel, el andaluz José Bretón y presumiblemente el canario Tomás Gimeno, entre otros, busca causar el mayor daño posible a sus exparejas matando a sus propios hijos. Buscan «matar a la madre» a través de asesinar a los hijos en común. Normalmente esta casta de alimañas anuncia con antelación su propósito con amenazas tan crueles como «te voy dar dónde más te duele».

Galicia pionera

Continuemos con la secuencia de precedentes. Del mismo modo que el parricida de Moraña fue el primer condenado en España a la pena de prisión permanente revisable, fue Galicia la primera comunidad autónoma del Estado que empezó a procurar cierto auxilio económico a las víctimas de lo que ahora identificamos violencia vicaria.

Precisamente desde el 2015, la Xunta empezó a beneficiar a las madres e hijos que sufrieron violencia vicaria con ciertas ayudas económicas consignadas en los Orzamentos Xerais. Mientras, se aguarda que antes de las vacaciones de verano, el Parlamento Gallego apruebe por unanimidad el reconocimiento por ley, mediante una reforma de la norma existente, para amparar a las víctimas de la violencia vicaria, según la propuesta que partió del BNG y halló la aquiescencia del PSOE y PP, como ayer nos recordó Juan Capeáns en estas mismas páginas.

Esa reforma legal es muy necesaria para que se mejore y complete el sistema de ayudas y protección legal de las víctimas. Hoy en día es manifiestamente imperfecto. Les remito a releer lo que la propia Rocío Viéitez publicó en sus redes sociales con motivo del pasado 25N. Gracias a María Hermida, los lectores de La Voz de Galicia supimos por el calvario que sigue pasando. Me estremeció saber que Rocío no recibió los 300.000 euros de responsabilidad civil porque Oubel se declaró insolvente. Y para colmo ella tiene que asumir las cuotas de la hipoteca de la casa de Moraña donde ocurrió el crimen porque la ley hipotecaria le traslada esa responsabilidad como parte solvente.

El insolvente Oubel sin embargo, según han relatado compañeros de cárcel, se gasta el dinero que recibe en prisión por los trabajos que realiza, en cuidar de su imagen. Tragicómico. «Es una persona con mucha maldad, muy retorcido, egocéntrico, siempre preocupado de cuidar su imagen, teñirse el pelo y comprar ropa por Internet. Cuando estás con él una hora, te das cuenta de que es un monstruo, no siente el más mínimo remordimiento por lo que hizo». Así lo definió un compañero de cárcel que le conoció en León. 

Narcisistas machistas

Los periodistas que cubrieron el juicio celebrado en julio del 2017 en la Audiencia de Pontevedra recuerdan la imagen con la que se presentó. Pelo teñido, peinado, con patillas, barba y bigote muy cuidados, ropa impoluta y moderna, de marca. Al mismo tiempo que evidenciaba una manifiesta falta de empatía. Al menos nos ahorró circunloquios. Admitió desde el primer momento su culpabilidad.

El comportamiento de estos asesinos no es producto de una patología mental. Los que, como David Oubel, admitieron los hechos no evidenciaron anomalía psíquica que disculpase sus actos. El veredicto del jurado popular que le juzgó, descartó el trastorno mental. Actúan así porque «son machistas y narcisistas extremos que no toleran ser contrariados porque ellos no querían separarse y no admiten el divorcio», según la explicación que la psicóloga Sonia Vaccaro ofrecía esta semana en una emisora, al hilo del comportamiento de Tomás Gimeno.