Un defensor de Pontevedra en la capital azteca

Educado con sus tíos en Mogor, ha difundido el modelo urbano de la ciudad del Lérez en su país natal

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marín / la voz

Fernando Cota Acuña (Ciudad de México, 1987) cruza el Atlántico siempre que puede para pasar unos días en la casa de sus tíos, Cristina Acuña y Suso Sanjorge, en la parroquia marinense de Mogor. Y es que este es su hogar, aunque haya nacido en la capital azteca y su carrera profesional la desarrolle al otro lado del océano. Aquí, en Marín, pasó su infancia y su juventud. «Cuando era pequeño, con siete años me vine a vivir a Mogor por la situación complicada de México en 1994. Viví con mis tíos en Marín hasta los 17 años y después volví a México para ir a la Universidad. Estuve aquí, en Galicia, media vida». Su hermano Manuel, un año más joven, hizo el mismo recorrido vital. Fernando estudió en el colegio San Narciso, un centro educativo del que guarda buenos recuerdos. «Marín es un lugar muy tranquilo», sostiene.

Solo fue tras selectividad cuando regresó a México. Podía entrar por nota en Vigo, pero prefirió probar suerte en su país natal. En la capital norteamericana, estudió Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo (ITAM). «Desde joven me gustaban la historia y la política. Primero quise estudiar para ser historiador, pero como creía que de eso me iba a morir de hambre, vi el programa de Economía. También era interesante y me dio por ahí», relata. Licenciado en Economía por el ITAM, realizó además un máster en la Pompeu Fabra, en Barcelona.

En la Ciudad de México, antes de irse al máster de Barcelona, trabajó en la secretaría de Hacienda, un organismo que equivale en España a un ministerio, en un departamento que se ocupaba de las relaciones con estados y municipios. Después trabajó para la presidencia de la Comisión de Competencia en México y estuvo unos meses como asesor del Senado para el Partido Acción Nacional (PAN), uno de los partidos estatales de ideología de centroderecha. En este caso, fue testigo privilegiado de la reforma del sector de las telecomunicaciones y de la energía.

Asesor en el Senado

En el país azteca, la cámara alta tiene muchísimo más peso político que en España. «Es como en Estados Unidos, los senadores tienen el mismo rango que los diputados y más atribuciones». Por ejemplo, el Senado tiene la competencia para nombrar embajadores y cargos importantes del Estado mexicano así como de ocuparse de revisar la política exterior, precisa Fernando al describir su función como técnico en la secretaría de Desarrollo Urbanístico de la institución. Es una plataforma excelente para difundir ideas y poner en marcha proyectos de interés nacional.

Fernando fue uno de los mejores defensores del viaje el año pasado de la delegación del Concello de Pontevedra a México, con el alcalde Miguel Anxo Fernández Lores a la cabeza. Incide en que sirvió para compartir el modelo de desarrollo de la ciudad del Lérez en tierras mexicanas, en un momento en que se estaban estudiando proyectos y reformas en materia urbanística.

Este viaje cumplió el objetivo de dar ideas sobre cómo contribuir a un desarrollo urbanístico ordenado. «Me gusta Pontevedra desde niño y cuando me metí en temas urbanísticos, me recordaba mucho del buen modelo peatonal y de usos mixtos que tiene», indica. Dicho y hecho, en la apretada agenda de trabajo de la delegación pontevedresa en México hubo visita al Senado. Allí se explicó la experiencia del gobierno local gallego y cómo se devolvió la ciudad a sus vecinos para transformarla en un lugar que vale la pena recorrer.

Fernando no oculta su admiración por Pontevedra, que ha recorrido desde que tiene memoria, pero en México la ciudad del Lérez es desconocida para el gran público. ¿Cómo conseguir que el Senado del país americano se fijase en el modelo de ciudad y convencer a sus responsables para que se llevase a cabo la visita? Hubo un trabajo previo que tuvo un valor indudable y Fernando jugó un papel decisivo. Trajo a España a Francisco Búrquez, presidente de la Comisión de Desarrollo Urbano y Ordenación Territorial. Quería que lo viese con sus propios ojos. Esa fue la tarjeta de presentación y la comarca pasó la prueba con creces.

«Había invitado a mi jefe, el senador Búrquez, a venir de vacaciones a Marín. Mi tío, Suso Sanjorge, lo llevó a varios furanchos y le encantaron. Se metió hasta dentro de la cocina aquí en Galicia», bromea.

Con aquellas incursiones culinarias se estrecharon, por así decirlo, los lazos entre ambos lados del Atlántico. Cuando llegó la hora de hablar de urbanismo, Pontevedra salió airosa del reto, porque Búrquez ya conocía la calidad del modelo que se iba a exponer.

Ahora las elecciones mexicanas han dado un vuelco a la composición de la cámara senatorial y Fernando buscará otro trabajo. Mientras tanto, estos días ha disfrutado de tiempo de tranquilidad, haciendo senderismo por la comarca de O Morrazo o bañandose en la playa -«aquí el agua está congelada, pero en un día de mucho calor cae muy bien»-.

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