En el deporte, hay derrotas dulces y victorias épicas, de esas que acaban tatuadas en el alma de una afición. Al Peixe, esta tarde, le espera una de estas dos opciones. Caer en Ávila entra dentro de lo previsible. Su rival juega en casa, una de esas canchas trampa en las que los aros son un suplicio y el aliento de la grada acogota las muñecas y anima los silbatos casi siempre en un sentido. Tiene además una de las tres mejores plantillas de la categoría, con un fondo de armario tan repleto de talento que podría competir sin problemas en una categoría superior. Todo en esta edición de la Copa está de cara para que El Bulevar se lleve el título.
Por eso, precisamente, el Peixe Galego afronta esta tarde una cita con la épica. La historia del baloncesto masculino en la provincia de Pontevedra tiene más que ver con un auténtico erial que con éxitos y celebraciones, con proyectos frustrados o inacabados que con sólidos cimientos. Eso siempre fue cosa de Ferrol, Lugo y Ourense. Hoy en día, de Santiago. Marín, su equipo de baloncesto, se enfrenta por tanto a una oportunidad dorada en la que tiene poco que perder, nada en realidad, y muchísimo que ganar. En este tipo de finales, vestirse de cordero degollado puede resultar un factor decisivo. Sin presión, el Peixe es un equipo temible porque algunos de sus jugadores tienen talento por arrobas y uno de esos entrenadores jóvenes en la banda que saben de qué va este asunto.
Los Ferreiro, Rogers, Adón, Green, Pantín y compañía ya pasaron por encima de Ávila el sábado pasado en A Raña en un partido memorable. Hoy, seguro, el duelo será harina de otro costal. Hagan lo que hagan, escribirán una página de oro en la historia del deporte en Marín. Pero por encima de todo, consolidarán un proyecto de baloncesto con mayúsculas cocinado a fuego lento bajo la mano sabia de un Luis Santiago al que el básket, algún día, le reconocerá lo mucho y bien que ha trabajado por este deporte. ¡Forza Peixe!