El renacer de un barco único

Alumnos de A Aixola rehabilitan el «Caneliña» en Marín


pontevedra / la voz

Uno de los escasos barcos históricos del siglo XX en la ría, el Caneliña, último superviviente de su clase, recuperará parte de su antiguo esplendor cuando rematen los trabajos de reparación que llevan a cabo los alumnos de A Aixola, en el puerto de Marín, previsiblemente en diciembre. El coordinador de formación del centro dependiente del Cetmar, Enrique Otero, explicó que la rehabilitación del Caneliña surge a petición del Museo Massó de Bueu, que trasladó esta embarcación a la rada marinense hace dos semanas.

El Caneliña data de la década de los setenta del siglo pasado y destaca por ser un buque de madera que fue construido íntegramente en una carpintería de ribeira, la que Arturo Omil regentaba en Aguete. Normalmente este tipo de embarcaciones se construían en astilleros, por lo que el barco en cuestión es una pieza de artesanía.

Cambio de cubierta

La directora del Massó, Covadonga López de Prado, manifestó que la importancia de este buque radica también en su relación con Ons. «Es un barco de popa redonda, con la tipología de pesqueros a motor que los isleños de Ons usaron cuando dejaron de pescar con dornas», añadió. Uno de los pesqueros más míticos de la isla, ya desaparecido, y que estrenó este método de pesca con boliche, betas y miños fue el Primero de Ons.

Por su parte, desde el Massó resaltan que el Caneliña tiene otro punto de interés. A diferencia de los demás barcos de su género, no sufrió modificaciones cuando estos pesqueros se empezaron a dedicar al arrastre. La popa redonda no era muy operativa para esta actividad, y los armadores optaron por una popa recta, que es la más habitual en los barcos de bajura.

En A Aixola, quince alumnos de Elaboración y colocación de cubiertas de madera, dirigidos por Santiago Cancelas, han retirado la cubierta original, muy degradada. Otero indicó que se está elaborando el plan para la colocación de la nueva cubierta y una evaluación del estado global de la embarcación. Para él, la oportunidad de trabajar en el Caneliña aporta a los alumnos «motivación y realidad» porque «no es lo mismo una simulación de una cubierta que trabajar en un barco», concretó.

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