En la villa termal se ubica la única firma de buceo histórico de España
21 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.El fondo del mar sigue siendo el gran y atrayente mundo desconocido para los humanos. Solo unos pocos se atreven a adentrarse en sus profundidades y sacar a la superficie sus secretos. Algunos de esos hallazgos reposan en Cuntis antes de encontrar acomodo en grandes colecciones privadas o museísticas.
Especializada en antigüedades náuticas y equipamiento de buceo histórico -anterior a 1950- la firma navalantiques.com es actualmente la única en toda España dedicada a encontrar, restaurar y exportar las piezas más deseadas por estos amantes de los tesoros de los siete mares.
El perfil de esta selecta clientela se repite sin apenas variaciones: varón, mayor de 65 años, con colecciones propias y enamorado de la temática náutica de la primera mitad del siglo pasado. En España no abundan aquellos que guardan en sus vitrinas estas piezas restauradas, pero sí en otros países, de Europa y de otros continentes.
Además de astrolabios -uno de los instrumentos más perseguidos por los especialistas- se pueden encontrar trajes completos, escafandras, compases, sextantes, brújulas, relojes o lanzacabos. Todo un arsenal que ha sobrevivido a su uso original y que ahora ocupa un lugar destacado junto a otros retazos de la historia.
El stock almacenado en el taller de reparaciones nunca es demasiado grande porque estas piezas de colección encuentran nuevos dueños en poco tiempo. La creciente pasión por estos temas empieza a gestar el proyecto, a medio plazo, del primer centro de buceo histórico de Galicia y España. La logística es realmente compleja, pero ya hay precedentes recientes de experiencias en aguas controladas que invitan a ser optimistas.
Bucear a la antigua es sensiblemente diferente al concepto moderno del término. Javier Salvado, buzo profesional y director de la Escola Galega de Buceo, lo describe como «una experiencia realmente buena y divertida» y explica que «el gran hándicap es el peso brutal que conlleva, ya que son unos 100 kilos de material los que te vistes».
«Las inmersiones son alucinantes -explica Salvado- porque el buceador va totalmente seco y la visión es sensiblemente mejor que con gafas y regulador, ya que por la escafandra entra mucha más luz».
El equipamiento se conforma del casco o escafandra de cobre conectada por un umbilical a tierra (o a un bote), dos plomos o escapularios, traje de lona impermeable y caucho, botas de cuero con suela de madera recubiertas de plomo y accesorios como cuchillo con funda de latón, hoja de acero y mango de madera añeja.
En total, una pesada pero valiosa indumentaria que retrotrae a los buceadores a aquellos pasajes anclados al imaginario popular de aventuras épicas submarinas, pero que todavía se puede hacer realidad gracias a iniciativas como la que sigue tomando cuerpo en Cuntis.