Vive y deja vivir. Ese lema es la ley en un diminuto lugar de A Lama reconvertido en una especie de tranquila comuna
02 jun 2016 . Actualizado a las 05:05 h.Huyen de las etiquetas. Así que les parecerá fatal que se diga que viven en una especie de comuna en la que da ganas de quedarse por la calma que transmite. O que para muchos vecinos sean los hippies que vinieron de fuera para vivir en A Lama. Lu ?que en realidad se llama Lucía?, Xabi y Javier prefieren que se cuente su historia sin necesidad de ponerle ningún nombre a su modo de vida ni a su forma de ser. Ellos son tres urbanitas ?todos nacieron y se criaron en grandes ciudades? que un buen día decidieron retirarse al rural. Desembarcaron en A Lama. Y lo hicieron después de comprar, junto con otras personas, un conjunto de casas en ruinas que reconvirtieron en espacios llenos de encanto en los que comparten vida. Primero fueron diez personas, luego incluso alguna más, ahora son cinco... Pero quizás dentro de poco el número vuelva a variar. Digamos que se acoge a quien comulgue con un lema bien claro: «Vive y deja vivir», tal y como cuenta Xabi.
Todo empezó hace más de una década y con muchas casualidades de por medio. Tanto ellos tres como otras personas más buscaban lo mismo, pero sin conocerse. Querían dejar el cemento atrás y «disfrutar del aire, las estrellas... respirar» y habían puesto sus ojos en A Lama. Un día, Xabi, natural de Cataluña, y Javier, cántabro, se conocieron en una asamblea de comuneros. Y así se empezó a tejer el proyecto de vida común. Compraron las ruinas y empezaron a reconvertirlas en su cosmos. Pasó tiempo hasta que pudieron entrar a vivir en ellas. Y todavía les queda bastante trabajo por delante. Pero lo hecho es todo un mundo. Uno llega a su aldea y nota un soplo de aire fresco. Hay un edredón aireándose en un balcón, un tendal de ropa en una huerta... Vida. Poco a poco, con sus propias manos y en ocasiones con ayuda de profesionales, dieron forma a una casa con coloridos espacios, cabañas en piedra y madera, un huerto donde unos cogollos de lechuga verdes parecen decir «cómeme» o un bosque comestible, con frutales y grosellas.
¿Cómo subsisten? La realidad es que cada uno tiene su trabajo, y que varios de ellos todavía necesitan salir de su diminuta aldea para ganarse el pan. Y nunca mejor dicho, porque Xabi es panadero. Lucía vende los diseños que saca de su máquina de coser en una tienda en Vigo y Javi, que es informático, sí que puede trabajar desde A Lama. Tienen otros dos compañeros, uno de ellos carpintero. Todos sueñan con completar su vida en el rural trabajando en esa aldea a la que poco a poco cambiaron la cara. Les sobran proyectos. Uno de ellos, un vivero: «Tenemos un huerto ecológico, muy especial, con muchas plantas comestibles y, lógicamente, nada de pesticidas». Xabi también quiere restaurar unos viejos hornos que todavía siguen en ruinas, y reconvertirlos en un obrador de pan ecológico. «Espero hacerlo algún día», dice con sonrisa.
Todos tienen en común su condición de veganos. Y de llevar al extremo el vive y deja vivir. Las telas de araña llaman la atención en una casa limpia y ordenada. Pero está claro el motivo: nada de matar un solo animal. De hecho, hicieron una especie de poza para que las ranas les puedan acompañar en su vida. Dicen que ellas sí dan buena cuenta de pequeños insectos dañinos para el huerto: «Son de gran ayuda, digamos que todo ocurre de forma natural, como debe ser».
Incluso las mascotas que tienen, perros y un gato, decidieron libremente vivir con ellos. «Son adoptados. Aparecieron por aquí y decidieron quedarse. A veces se marchan, luego vuelven... Un poco esa es la idea». En la zona donde viven, casi no quedan lugareños. Solo algunas casas que se habitan de cuando en cuando. En una, tras una verja de rejas, ladra fuerte un perro. Lo miran y dicen entre risas: «Ese, un preso político, el pobre».
Un panadero que trabaja sin productos animales
javier
de barcelona, 28 años
Javier estaba trabajando en Alicante cuando conoció a una de las personas que lleva una panadería ecológica en A Lama. Y acabó haciendo las maletas a Galicia para trabajar en ese negocio. Sigue ahí. En casa, a veces hace masa madre y sorprende con sus panes. Otras, se dedica a la repostería. Le gusta experimentar. Pero no elabora ninguna receta que incluya productos animales. «Ni huevos, ni mantequilla ni nada de eso», indica. Se ríe de casi todo. Lleva una camiseta de las Fuerzas Armadas que no le pega y, a carcajadas, dice: «La compré en un rastro, por dos euros».
Un informático que vino a estudiar a Galicia y se quedó
xabier
de santander, 39 años
Xabier, mientras habla, está delante del único objeto que no pega mucho en una casa encantadora, con coloridas mesas, estanterías llenas de semillas y hierbas. Está frente a un ordenador. Usa la computadora para trabajar como informático. Ese es su oficio aunque, en realidad, lo que estudió fueron Ciencias do Mar. Esa fue la razón que un día le trajo a Galicia. Y que hizo que ya nunca más se marchase. «Yo era un urbanita, de Santander, pero me gusta vivir aquí. Llevamos mucho tiempo y nos pasaron muchas cosas... Vino gente, otra se fue... Esto es un gran lujo».
o morrazo Acaba la reparación de varias carreteras en Marín y Bueu
La Consellería de Infraestrutura remató su plan de reparación de tramos dañados por temporal en O Morrazo. En la PO-313 de Miñán, en Marín, a Moaña se retiraron árboles y se estabilizaron cunetas. En la PO-551 en Bagüín, en Mogor, y en Cela (Bueu) se hicieron dos muros, de cuatro y tres metros. En el tramo pontevedrés de la variante de Marín se ejecutó otro muro de ocho a diez metros.