El visitante que llegue a la isla se sorprenderá ante la nueva perspectiva que se contempla desde el muelle
02 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El visitante que llegue a la isla de Ons (parte del Parque Nacional Marítimo Terrestre Illas Atlánticas de Galicia) se sorprenderá ante la nueva perspectiva que se contempla al desembarcar en el muelle de O Curro. Posiblemente se preguntará quién será el enchufado que ha conseguido que le permitan hacerse un chalet prácticamente sobre la playa de As Dornas y también sentirá cierta perplejidad ante el despliegue de cemento y hormigón y bloques de granito. Quizás nuestro ingenuo visitante piense que determinadas cosas no se pueden hacer en un parque nacional, pero por lo visto en algunos, sí.
El aparente chalet no es tal, sino la nueva caseta de información (la anterior, que gustaba a todo el mundo, útil y funcional apenas necesitaba unas tareas de mantenimiento). El cúmulo de despropósitos de esa polémica obra sobredimensionada y mal diseñada para su función es digno ser contado. Se trata de una caseta de información, pero los mostradores de atención al público, en contra de la lógica más elemental, no están orientadas hacia la zona de acceso a la isla, por donde llegan los visitantes, sino hacia el norte, de manera que desde el, punto de información no se pueda ver el desembarco y la llegada de visitantes que, a su vez, tienen que dar un incomprensible rodeo para conseguir llegar al dicho mostrador de información por una galería estrecha en la que una silla de ruedas pasa muy justa (si las personas con movilidad reducida quieren acceder por una zona más amplia, el rodeo lo tienen que dar por el otro lado), si no se rinden antes ante la pendiente aumentada que tienen que superar para llegar.
Las ventanas de esos mostradores, para colmo, eran de guillotina y doble hoja, dificultando desarrollar el servicio de información al público (y aumentando la posibilidad de acabar como María Antonieta). Finalmente, al menos, han sustituido esas ventanas por otras de una sola hoja. Es lo único que se ha corregido. El emparedado posterior a la zona de atención al público también resulta inexplicable, especialmente por su efecto barrera. Cuenta además con una falsa chimenea (un hueco sin función alguna), un ojo de buey, este sí orientado en la dirección correcta, suponemos que para que parezca un barco y una habitación donde está un termo de agua que carece de ventanas, ventilación ni luz natural. El uso de chapas metálicas con capas aislantes en el tejado, que suponemos que será cubierto con tejas, no parece encajar mucho con los materiales de arquitectura tradicional que se exigen a los isleños en sus casas. La suma de la nueva ubicación sobreelevada sobre centenares de kilos de cemento, su orientación y el diseño de sus accesos dificulta objetivamente su accesibilidad y su uso, justamente todo lo contrario de lo que debería ser su objetivo. Es una infraestructura, muy cara, diseñada para que no tenga utilidad. Contradice también el espíritu de la propia ley de costas que promueve, y más debería hacerlo en un parque nacional, retirar infraestructuras en el litoral, no ampliarlas. Por cierto, suponemos que esta nueva infraestructura cumple con la ley de costas. La pregunta pertinente sería: ¿Cómo es posible que esto se haga en un Parque Nacional? ¿Quién lo ha consentido? ¿A quién han consultado? ¿Quién lo ha supervisado? Con esta obra, carísima, realizada con dinero público, los responsables del Parque Nacional han conseguido una notable unanimidad: no le gusta a nadie: ni a quienes tendrán que trabajar en ella, ni a los usuarios, ni a los ecologistas ni a los vecinos de la isla. Y del incomprensible nuevo macropanel informativo en la entrada a la isla podríamos hablar otro día.