El conocido cómico vigués vuelve a adentrarse en la senda del género negro con su novela «Bécquer en París»
15 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Bécquer está de vuelta. El cómico y escritor vigués Miguel Lago retoma su icónico personaje en una nueva novela, Bécquer en París, en la que, «queriendo descubrir por fin quién asesinó al padre de su compañera Elena Izaguirre, se topan con una trama de corrupción política y policial que llega, incluso, al corazón de la embajada parisina», señala al respecto.
—Cuando hablamos de libros escritos por cómicos, generalmente pensamos en la traslación de monólogos al papel o novelas que siguen la senda del humor. Sin embargo, al igual que hizo en «Persiguiendo a Bécquer», ha optado por regresar al género negro.
—Sí, en su día publiqué uno que se titulaba Gamberro y caballero, que era precisamente eso, monólogos, ensayo cómico, digamos, pero me apetecía escribir novela y yo tengo una gran pasión por los detectives y su figura. Me apetecía crear uno y creé a Bécquer. Lo cree por mi gusto por la serie y la novela policíaca. Es un género mucho más complicado, por supuesto, pero es muy gratificante escribir este tipo de historias.
—Y, a decir de los expertos, es un género que permite hablar de determinadas cuestiones sociales que no permiten otros.
—Puede ser. No lo sé. No sé si otros géneros lo permiten o no porque no me he acercado a otros géneros. No sabría decírtelo, pero, a fin de cuentas, soy un consumidor de novela policíaca, con lo cual era lo que tocaba. A lo mejor si leyese novela romántica británica del siglo XIX, pues tiraría más por ahí, pero, en este caso, me gusta un buen thriller.
—¿Y cuáles son sus principales influencias?
—Actualmente reconozco que leo menos de lo que debería, eso sí es verdad, pero porque cuando me licencié en Filología Hispánica, ya leí todo lo que tenía que leer y desde entonces leo novela policíaca o las historias que publican gente a la que conozco y mis amigos. Y, sobre todo, soy lector, esas sí que las leo todas, de Juan Gómez Jurado. Destaco enormemente también a Carme Chaparro que está sacando unas novelas de intriga policíaca fantásticas, y la última que he leído, que me ha gustado mucho, además de que no lo conocía y me la mandó la editorial, es la de Luis García Rey, que también es vigués. Ha escrito un novelón.
—Esta es una pregunta que imagino que le suelen hacer, pero ¿qué hay de Bécquer en Miguel Lago?
—Los dos compartimos profesión, compartimos básicamente eso. A partir de ahí, de Bécquer en mí puede haber la curiosidad, puede haber esas ganas que tiene de disfrutar de la vida, ese inconformismo, pero poco más. A la hora de la verdad somos muy distintos. Yo creía que se me iba a parecer más, pero Bécquer cogió su propio vuelo y es otro tipo de persona.
—¿Es complicado cuando, como usted mismo dice, un personaje coge su propio vuelo intentar reconducirlo a un redil o es imposible?
—No. Todo lo contrario, facilita muchísimo las cosas. Yo creía que eso de que quien manda en la novela son los personajes era un poco fanfarronada de escritor y me he dado de cuenta de que no, que si tienes unos personajes bien asentados, realmente ellos van hacia donde tienen que ir. O sea, yo solo los he dejado correr y por eso me resultaba muy sencillo y quedan muy naturales los diálogos porque los entiendo muy bien. Hay que dejarlos, la novela es de ellos.
—¿Después de esta segunda aventura de Bécquer habrá una tercera?
—Habrá una tercera, pero con calma.
—¿Es de los que se toma su tiempo para escribir?
—No es que me tome tiempo, es que lo que no me meto es prisa. Una historia bien contada no son churros. Hay que ir despacito y hay que escribirla bien. Y yo no solo soy novelista, soy más cosas. Cada cosa tiene su lugar y ahora ya tengo ideas de por dónde quiero ir, pero necesito que venga la gran idea. Todavía no ha venido, pero vendrá.
—Y una vez venga esa gran idea, y teniendo unos personajes completamente definidos, ¿qué es lo más complejo?
—Para mí lo más complicado es esconder las cartas, conseguir que el lector no tenga claro por dónde va a ir y lo que va a pasar en la página 10. Lograr que cuando terminas un capítulo tengas ganas de leer el siguiente e, insisto, que no se me vea la mano. Pongo el ejemplo de las cartas de un mago, que no se vea el truco. Mantenerte enganchado, eso es lo más difícil. Tengo que crear una historia en quinientas páginas suficientemente sembrada para que tú quieras saber más. Y, sobre todo, no quiero tejer una red durante 490 páginas y que se resuelva en las cinco últimas. Eso me parece un horror. Y eso es lo más complicado para mí.
«Respeto todas las críticas, pero prefiero quedarme con las buenas»
Cuando se le pregunta por qué valora más, si el favor de la crítica o el del público, Miguel Lago es contundente a la hora de responder: «El del público siempre. Con todo el respeto a la crítica, el del público porque el público es el que me ha hecho la carrera. El público es el que se gasta su dinero, sale de su casa y viene a pasar su tiempo conmigo confiando en que van a disfrutar. Y en este caso, con los lectores es lo mismo».
—Lo tiene meridianamente claro.
—Sí, si nos ceñimos al libro, a Bécquer en París, sería un poco lo mismo. Lleno un teatro con mil personas, 999 aplauden en pie y a una no le gustó, pues, chico, no le voy a dar más importancia a uno que a 999. Y, ojo, eso no quita que esté en su derecho que no le guste y lo respeto absolutamente. Pues con la novela es lo mismo. Si un crítico la lee y dice que «esta novela es un horror», pero resulta que la han leído miles y miles de personas, que me han mandado unos mensajes cariñosísimos diciéndome que les ha encantado, pues, ¿quién tiene razón? Es que esto es individual. Es la opinión de cada uno. Yo respeto todas las críticas, pero, lógicamente, prefiero quedarme con las buenas.
—Sin haber terminado de leer la novela, esta arranca en Madrid y, por el título y sus palabras, infiero que también va transcurrir en París. ¿Se ha planteado trasladar a sus personajes a Galicia?
—(risas) Sigue leyendo la novela.