La yudoca que se cuelga todas las medallas

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Ramón Leiro

A sus 23 años, ganó tres oros europeos consecutivos y tiene claro que su objetivo son Los Ángeles 2028

11 nov 2025 . Actualizado a las 18:00 h.

Laura hace años que no sabe lo que es ir a un campeonato y no colgarse una medalla. En su primer europeo tenía 16 años y fue novena, pero desde entonces encadena un podio tras otro. Suma una plata en el Campeonato de Europa cadete, tres otros júnior y sub-23 consecutivos y una plata en el Mundial sub-23. Lo cuenta con la naturalidad de quien salta al tatami tan convencida de que poco puede hacer su rival. Ahora se está bregando en sénior porque la ambición de esta yudoca quiere tocar techo en los Juegos. Se prepara para Los Ángeles. París la pilló demasiado pronto y los Juegos del 2028 son su objetivo. Y lo dice convencida de que tiene posibilidades de conseguirlo. «Creo mucho en el poder de la manifestación y la visualización. Con esto no quiero decir que me vea allí sin más, sé lo que tengo que hacer para poder estar en Los Ángeles», señala Laura antes de entrar en uno de los entrenamientos en el CGTD, donde lleva nueve años becada. Tiene la misma seguridad que cuando empezó.

Hoy se fija los Juegos como meta a corto plazo y está inmersa en esa batalla, pero recuerda que con 14 años no dio a los padres la opción de pensarse si podía ingresar o no en el Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra. Ella es de Vigo. Y suponía mudarse a la residencia donde viven los alumnos becados. «Mis padres no me dieron la aprobación porque les dije que me venía y que necesitaba su apoyo, se lo di hecho y lo entendieron, en mi casa siempre se nos inculcó el deporte», comenta Vázquez. Así que en plena adolescencia se mudó a Pontevedra para cumplir un sueño que ahora roza con las yemas de los dedos. «Antes de ser residente venía una vez a la semana al centro con mi entrenador en el club, que es el mismo que tengo ahora», añade.

Habla de Marcial Romero, responsable de la sección de yudo en el CGTD y quien la guio desde que tenía cuatro años y se puso por primera vez el kimono. No llegó por tradición familiar, sino un poco por acoplar horarios de actividades extraescolares. Su colegio ofertaba yudo y Laura era una niña muy activa, así que su familia vio en este deporte de contacto una vía para ejercitarse. Lo que empezó como un entretenimiento se convirtió en una filosofía de vida. Con los años saltó al club Fame de Frutos y de ahí al CGTD. «Tenía claro que quería intentarlo y estaba dispuesta a todo, así que cuando me vine a vivir a la residencia a Pontevedra no lo viví como un drama, quería estar aquí. A algunos de mis compañeros sí que les costó, pero a mí no. Echo más de menos ahora a la familia de lo que la echaba antes», asegura.

Nueve años en el CGTD

En estos nueve años en el CGTD ha aprendido a competir al máximo nivel. Ahora está en la residencia para mayores del centro y lo compagina con los estudios de Psicología en la Universidad de Santiago. El fin de semana regresa a casa para estar con su familia. Vive en una especie de día de la marmota que le apasiona. Lo rompe para ir a las competiciones internacionales en las que no deja de sorprender por sus cualidades. Laura no habla de talento para el yudo, pero quien la conoce sabe que le sobra. Cree que lo que la ha llevado al número 23 del ránking mundial es la lucha. «Cuando se me mete algo entre ceja y ceja voy a por ello con todo», advierte. Y cuando dice todo, se refiere a dar lo máximo. Ahora son los Juegos. Ha comenzado esa andadura, aunque advierte de que los años más fuertes serán el 2027 y el 2028. «Ahora tengo el circuito internacional en la categoría sénior con el Grand Prix y el Grand Slam, que dan puntos para Los Ángeles», subraya la yudoca viguesa. Aunque ahora empiece a rodar en esa categoría, son las puntuaciones de los dos últimos años antes de la cita olímpica los que tienen más peso para poder estar: «Yo me veo bien, me costó dar el salto a sénior, pero ahora me veo con fuerza. Tengo clara la meta». El visualizarse con 25 años en la competición más importante del mundo para los deportistas le ayuda a focalizar el esfuerzo, pero también es fundamental en los días que se viene abajo. «Hay muchos días malos, más de los que se ve desde fuera», reconoce. La fortalece mental en un deporte individual como el yudo es lo que marca ser un fuera de serie o quedarse en el camino. Laura la trabaja desde hace años.

En este camino de espinas y rosas ha tenido que dejar mucho atrás. Y no siempre gusta. Pero ha aprendido a llevarlo. «Tengo 23 años y dedico mi vida al yudo, he perdido muchos amigos y se han incorporado otros, la mayoría vinculados al deporte», concluye antes de irse a entrenar.