Las llamas devoran un edificio en el centro de Pontevedra: «Nos hemos quedado sin nada, toda mi vida estaba dentro»

nieves d. amil / P. Fernández PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Ramón Leiro

Las llamas comenzaron a la 1.20 de la madrugada y obligaron a realojar a 18 vecinos. Todavía no se puede acceder a los dos edificios colindantes

09 jul 2025 . Actualizado a las 18:51 h.

«Nos hemos quedado sin nada, toda mi vida estaba en ese piso». Francisco Cando es uno de los 18 realojados del edificio de la calle Riestra que se incendió esta madrugada. Sus palabras caían como losas en su ánimo, mientras los bomberos todavía trabajaban en la extinción. La calle permanece cortada y los negocios del bajo y de los edificios colindantes, también. Algunos vecinos de los inmuebles desalojados entran a cuentagotas a primera hora de la mañana para recoger algunos enseres. Tendrán que volver a irse hasta que se tenga la certeza de que no correrán riesgos. Por lo de pronto, no podrán volver hasta mañana, cuando está previsto que se derribe el pincho de la cubierta para evitar que se desplome. Pontevedra aún huele a humo después de una noche y una mañana de trabajo en el interior del número 4 de esta céntrica calle. El fuego se originó alrededor de las 1.15 horas de la madrugada en el segundo piso izquierda del inmueble. Las escaleras y techos de madera y el panel sándwich de la cubierta complicaron las labores de extinción de las llamas. La magnitud del fuego era tal, que los Bombeiros de Pontevedra tuvieron el apoyo de efectivos del parque de Ribadumia y O Morrazo durante toda la madrugada.

A pesar de que trabajaron en la zona toda la noche, el incendio se reavivó varias veces durante la jornada y amenaza la cubierta. La última vez que se reactivó fue a primera hora de esta mañana. El drama estaba en el inmueble, pero también a pie de calle, donde algunos inquilinos observaban con estupor como su vida se convertía en ceniza. «Vivo con mi mujer y mis tres hijos, fue complicado porque también está mi suegra y tengo un hijo con discapacidad y otro menor de edad. Es para llorar, llevábamos seis años de alquiler en ese piso», explica Francisco, al que le cuesta asimilar lo ocurrido. En su caso, el propietario del edificio los ha realojado en un casa, según explica, que tiene destinada a vivienda vacacional. Los otros 12 inquilinos fueron realojados por el Concello en un piso de titularidad municipal.

Francisco Cando, vecino del edificio incendiado en Pontevedra
Francisco Cando, vecino del edificio incendiado en Pontevedra Ramón Leiro

Francisco mira con asombro cómo siguen trabajando los bomberos casi diez horas después desde que se inició el fuego. Poco antes de las diez de la mañana se permitió abrir las puertas a los negocios de un extremo de la Riestra, el menos afectado por el incendio. Era una calle a dos velocidades, la que intentaba recuperar la normalidad y la que vivía como el humo no cesaba. «Parece que va a colapsar la cubierta», comentan fuentes municipales, que tras la visita del Servizo de arquitectura, decidieron que se demolerá este miércoles. Los bomberos mojaron el tejado e intentaron sofocar el incendio durante toda la mañana para evitar que se pudiese reactivar. Al mismo tiempo, la Policía Local desplegó un dron para supervisar esa parte del inmueble. La Policía científica también se encuentran en la zona analizando el origen de un fuego que tiene conmocionada a la ciudad. «Nos despertaron los vecinos del segundo porque tenían mucho fuego y humo. Salimos sin nada, todo lo que tengo es prestado, solo pude coger algunas cosas personales. Dicen que había una vela cerca del colchón y devastó todo», explica Cando.

Los agentes de la Policía Nacional trabajan ahora en saber con exactitud qué ocurrió y cómo se originó un fuego que tiene en shock a los vecinos de Pontevedra. María del Amor es una de las vecinas desalojadas durante la madrugada. Vive en el edificio que hace esquina con la calle Oliva y tiene varias imágenes grabadas de esta noche.

Las personas que pasan por la zona miran con asombro los trabajos de los bomberos
Las personas que pasan por la zona miran con asombro los trabajos de los bomberos Ramón Leiro

Poco después de la una de la madrugada, la Policía Local llamó a las puertas de cada piso para decirles que había fuego en el edificio colindante y debían abandonarlo de inmediato. Salieron con lo puesto y desde la calle, vieron como el fuego devoraba el inmueble contiguo. «Los inmigrantes que vivían en uno de los pisos alquilados querían coger las llaves de su furgoneta y otros solo decían 'mis papeles'», dice con pena sobre los inquilinos de la vivienda incendiada. Ella ha podido entrar a recoger algunos enseres, pero todavía no puede quedarse en su casa. Los técnicos municipales aseguran que hasta que se inspeccionen las medianeras, no podrán recuperar la normalidad. «Han mojado todos los edificios laterales para que las llamas no se propagase», explica esta vecina del edificio que está en la esquina entre Riestra y Oliva.

Lorena Couselo vive en el número 6 (al lado del perjudicado por las llamas) volvía a casa con sus dos gatos. Iba acompañada por la amiga que la acogió tras haber sido evacuada. En su caso, la despertaron a la una y media de la madrugada para que abandonase el edificio, «Yo no salía sin mis gatos. Nos costó cogerlos porque estaban muy asustados. Tardamos más en salir, pero no queríamos dejar a los gatos allí». Habían leído en los medios que a partir de las 6 estaban dejando a la gente volver a sus casas, pero por un problema de humo, todavía no las habían dejado pasar. 

Patricia Lorenzo es otra de las realojadas. Vive con su madre en la planta en la que se originó el fuego. Estaban a punto de irse a dormir, pero el olor a humo las alertó. «Era un olor muy denso y penetrante», señala, mientras ve como siguen las labores de extinción. Al igual que Francisco, en el interior de su vivienda se quedaron todas sus pertenencias. «No pude coger la documentación, ni el poco dinero que tenía en casa. Lo único que tengo en el bolsillo son 40 céntimos. Bajé sin nada», recuerda esta mujer, que se metió de okupa en ese piso hace tres años. Reconoce que pasó miedo al ver como las llamas se comían la vivienda. En este edificio hay una parte de hospedaje y otra de alquiler. 

La concejala de Seguridad Ciudadana, Eva Vilaverde, estuvo al frente del operativo del incendio hasta las 6 de la mañana y desde entonces está pendiente de la evolución. Pese a la voracidad del fuego, no hay que lamentar ninguna víctima. Durante toda la mañana, la ciudad vivió pendiente de este céntrico edificio. Entre los curiosos que observaban el trabajo de los bomberos, se encontraba Minucha, vecina de uno de los edificios cercanos al incendio. Junto a una amiga, recordaba cómo vivió ella las primeras horas del fuego. Se enteró de lo que ocurría casi desde el principio, pues había dejado las persianas y las ventanas un poco levantadas. «Al asomarme vi todo el humo, que era una barbaridad. Se veía toda la llama por mucho que los bomberos echaran agua». Además, también pudo ver en la calle a las personas que acababan de ser desalojadas por las llamas, «fue muy triste». Cuenta que estuvo pendiente hasta más o menos las tres de la madrugada, que se fue a acostar, y, al levantarse, vio que seguía saliendo humo del edificio.

Otra de las personas que se encontraba observando el edificio desde la rúa de Oliva era Juan Ferreirós, vecino de Pontevedra que trabajó hace varios años como obrero en los edificios de alrededor. Mientras observaba el trabajo de los bomberos, recordaba con nostalgia los locales que ocupaban ese edificio hace años: «El bar La Manchega, madre mía. Siempre iba allí a comer el pulpo con patatas». Además, asegura que el hospedaje, que continuaba funcionando en el segundo piso, lo recuerda allí «de toda la vida». Ahora, ese mismo sitio, estaba ocupado por una óptica, una pequeña boutique de ropa y una cafetería.

Desde la visión de un obrero, Juan Ferreirós explica también que, aunque él nunca trabajó dentro de la edificación afectada, sí conocía muy bien el interior de las construcciones cercanas. «Todos estos edificios antiguos están hechos de madera de tea y, además, tienen los techos altísimos». En cuanto a estos, dice recordar que estaban decorados con barrotillo, formado por un conjunto de «palitos» a los que se les echa barro y escayola. Este tipo de material, cuenta Ferreirós, prende muy fácil y, además, lo hace «como si fuera una colilla que se va quemando poco a poco».

Marcelino Filgueira, dueño de la cafetería Meu, con su negocio al fondo
Marcelino Filgueira, dueño de la cafetería Meu, con su negocio al fondo Ramón Leiro

Marcelino tenía un negocio en el bajo: «Esto se acabó, ya no podré volver a abrir el Meu»

Marcelino Filgueira tiene una cafetería en el bajo del edificio. Hace cinco años abrió Meu, un local en el que depositó toda su ilusión el año de la pandemia. Primero fue el covid y ahora un incendio. Su negocio no está afectado por el fuego, pero sí por el efecto que dejaron en su interior. «El Meu de la calle Riestra se acabó, ya no volverá a abrir», decía esta mañana mientras los bomberos todavía trataban de sofocar un incendio que no ha dejado de escupir humo durante todo el día. Es la segunda vez que se acerca hasta la zona que ha acordonado la policía. No sabe lo que se va a encontrar dentro. «Me llamaron dos vecinos a la una de la mañana y pensé que no sería poca cosa, pero cuando me iba a cercando y vi toda la ciudad llena de humo antes de llegar, me di cuenta de la trascendencia», explica Marcelino.

Asegura que después del golpe, toca levantarse. Está afectado, pero se consuela pensando que la vida son rachas. Y ahora le está tocando vivir una mala. «El edificio no vale para nada», puntualiza. Frente a su local, hace una reflexión que ayer pensaban muchos. ¿Qué hubiese pasado si el fuego llega a los bajos? Junto al de Marcelino está el de una tienda de moda y una óptica, que tiene acceso por dos calles en un bajo unificado. «Se habría expandido con una voracidad imparable, ahí abajo está todo conectado», recalca Filgueira.

Hace poco tiempo que abrió un nuevo local en la calle Rouco. Asegura que será en el que se centrará a partir de ahora. «Esto es muy duro, ves el esfuerzo para nada», lamenta después de haber ido a hablar con su aseguradora. Ahora tendrá que esperar para ver cómo acaba un negocio que ya nació tocado por el confinamiento.