La infernal fiesta reunió en el centro de la ciudad a niños que no dejaron de reír y divertirse con los juegos de este demonio
24 ago 2023 . Actualizado a las 17:14 h.La comitiva infernal comandada por O Demo y sus secuaces, todos enfundados en trajes rojos y gorros negros, salió de los arcos de San Bartolomé a las 12 horas del mediodía. En la cara del endemoniado ser se dibujaba una sonrisa premonitoria: O Demo se relamía al ver a toda esa gente dispuesta a ser objeto de sus jugarretas y trucos. La aventura, como en las películas, terminó desdibujando la sonrisa perfecta del diablo sobrenatural. Humanizado el demonio y robada su cola, al malvado ser no le quedó más remedio que finalizar su paseo matutino escapando a paso ligero de la muchedumbre con su tridente como bastón y protegido por sus compañeros de engaños.
O Demo cruzó la plaza de Méndez Núñez tras detenerse en la de la Verdura y realizar el baile de la conga con los más pequeños, que a esas alturas ya habían hecho del demonio un simple juguete con el que divertirse. A su espectáculo tenebroso convertido en tragicomedia la comitiva añadió pirotecnia con bombetas y petardos. Momentos antes del espectáculo de artificio, O Demo y sus secuaces mostraron su lado más humano entrando en el centro de día Saraiva a saludar a los ancianos que se resguardaban del calor. Tras la visita, agradecida enormemente por las cuidadoras, que respondieron a ella repartiendo y lanzando caramelos que hicieron las delicias de los más pequeños, el demonio prosiguió su camino.
En su día fueron los vecinos quienes ayudaron a esclarecer el origen de esta tradición. Era Dominguiños, un pontevedrés de aquella época, el que ejercía de demonio todos los años. Un aprendiz de electricista y luego vendedor de décimos de lotería que siempre será recordado por disfrazarse de esta versión de Lucifer, de la que los niños y niñas huían y de la que además sabían que podían obtener algún regalo en forma de caramelo.
Las celebraciones continuaron por la tarde con una nueva visita de O Demo al centro histórico de la ciudad, en el que, otra vez, los más pequeños fueron el objeto de sus fechorías. La historia se repitió y el demonio volvió a su guarida con las orejas bajadas y el ansia de tener que esperar un año entero para preparar su próxima fechoría. En un día para celebrar la hazaña que supone expulsar al demonio de las calles, la sintonía de jolgorio la pusieron la Banda de Música de Salcedo en la plaza de José Martí, y a continuación os Chichisos y Faiscas da Ponterga, que protagonizaron la tradicional Foliada do Demo en Curros Enríquez.