Un camarero «de vocación» con 20 años: «Eu estou de luxo, pero hai hostaleiros que ofrecen condicións da Idade Media»

PONTEVEDRA

Jorge Domínguez, esta semana en la escuela de hostelería Carlos Oroza de Pontevedra
Jorge Domínguez, esta semana en la escuela de hostelería Carlos Oroza de Pontevedra Ramón Leiro

Este joven de Portonovo reconoce que su trabajo es su pasión desde que hace cuatro años empezó a conocer el mercado laboral

01 jun 2023 . Actualizado a las 18:04 h.

Jorge Domínguez tiene 20 años. Todavía está estudiando, pero ya hace unos cuantos años que descubrió que su vocación estaba en llevar la bandeja en la mano y atender a los clientes. Trabaja de camarero. En una época en la que muchos huyen de una profesión que consideran muy sacrificada, este joven de Portonovo se mete de lleno. Y no le falta trabajo. «A min o que me gusta é falar, é o meu, como se hai que contar a historia de onde ven o queixo ao cliente», dice con humor. Él estudia para ser camarero. Lo tiene más que claro desde que con 16 años dejó la ESO y se apuntó en una FP básica. Reconoce que no era muy mal estudiante, pero «fun trampeando» porque no trabajaba mucho ni le gustaba. «Agora a miña nai díceme que se chega a saber antes que esa era a miña vocación, ahorraría moitos cartos que gastou en clases particulares. E podería haber feito unha boa viaxe», bromea. 

Junto a un grifo de cerveza cuenta que acaba de ganar el primer premio al mejor tirador de cañas en el certamen que organizó Estrella Galicia la pasada semana en As Pontes. pero unos meses antes fue tercero en el Campionato Internacional de Baristas de Escolas de Hostalería, que se celebró en Foz, y se prepara para participar en octubre  en el Galiciaskills, un campeonato gallego de formación profesional que organiza la Consellería de Educación. Jorge va a por todas. «En Foz tiñas 15 minutos para preparar catro expresos, catro capuchinos e catro bebidas de especialidades. Mentres ías facendo, tiñas que explicalo», comenta. Ahí pocos le ganan. Tienen facilidad de palabra y le entusiasma hablar. 

Dio el salto del instituto a la escuela de hostelería Carlos Oroza antes de acabar la ESO. Comenzó por una FB básica de Cocina y restauración, pero pronto vio que ese era su camino. Se matriculó en Servicios de Restauración y todavía le queda un curso por delante. Jorge ya piensa en trabajar este verano, como lo lleva haciendo los últimos cuatro años. «Hai traballo de sobra, hai moito, eu volverei ao Asador A Ferreira. É un sitio de luxo, pero teño compañeiros aos que lle ofrecen condicións que son más propias da Idade Media», advierte este joven de Portonovo, que el verano pasado estuvo haciendo prácticas en un hotel en Portugal. 

Una vez que acabe este ciclo no sabe si vendrá un tercero o seguirá sumando experiencias antes de cumplir su sueño de hostelero. «Gustaríame montar un restaurante pequeno que no que fagamos algo único, que sexa un novo concepto, pero que me faga sentir algo grande», advierte Jorge, que se ve en su negocio, pero «sempre na sala, coa xente». No le faltan ganas de soñar y derrocha pasión. Dice que eso es el único secreto para triunfar con su vocación, pero también para llevarse el primer premio sirviendo cañas. Quizás ese gusto por un trabajo que muchos detestan le viene de familia. Sus abuelos fueron hosteleros en Portonovo y aunque ese local ya está cerrado, él conocía bien el día a día de un bar. Sus padres no siguieron la saga familia, que ahora Jorge Domínguez está dispuesto a retomar. Antes, seguirá formándose en las salas de muchos restaurantes y en el Carlos Oroza, pero su presente y su futuro están junto a una mesa con clientes. No sabe si es por su facilidad de palabra, por su profesionalidad o por casualidad, pero no ha tenido malas experiencias con comensales cabreados.