La Pontevedra vaciada

PONTEVEDRA

Bajo en alquiler en la calle Benito Corbal de Pontevedra
Bajo en alquiler en la calle Benito Corbal de Pontevedra Ramón Leiro

La reforma legal que impulsa la Xunta de Galicia para posibilitar el uso de locales comerciales como vivienda puede procurar una solución para las ciudades

05 mar 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

La Xunta de Galicia concluirá el próximo lunes 13 de marzo el plazo de consulta e información pública del decreto con el que intenta modificar las normas de habitabilidad, a fin de facilitar la transformación de bajos comerciales desocupados en viviendas.

Aunque la posibilidad de cambio de uso existe desde hace trece años, la novedad legislativa que acaba de lanzar el gobierno gallego, persigue facilitar trámites, agilizar plazos y suavizar requisitos, atendiendo a la agobiante demanda de vivienda que actualmente no puede absorber el mercado. Sobre todo, en la Galicia urbana.

Ninguna de las siete grandes ciudades de la comunidad, tampoco Pontevedra, escapan de esa plaga de la otra Galicia baleirada que suponen locales y bajos vacíos, con carteles anunciando infructuosamente «se alquila» o «se vende», durante meses y meses.

Demanda social

En la explicación de motivos de la iniciativa, el presidente Alfonso Rueda dijo, en rueda de prensa, que pretende facilitar una solución que aminore la bolsa de locales comerciales vacíos que actualmente existe en Galicia. En consecuencia, que se permeabilice el mercado inmobiliario para atender la demanda de alquileres para uso residencial cuya oferta está muy mermada.

En segunda instancia, la intención de la Xunta es eliminar la imagen de degradación urbana que produce la existencia de numerosos bajos comerciales cerrados. Tanto en el centro de las ciudades como en los barrios. En Pontevedra bien sabemos de esa imagen degradante en calles como Loureiro Crespo que durante años ha encabezado el ránking de bajos comerciales cerrados. Pero no solo allí. Otras calles aún más céntricas también tienen actualmente locales desocupados, con cartelería que anuncia insistentemente que están disponibles. Michelena, Gutiérrez Mellado, Reina Victoria, Rosalía de Castro, Eduardo Pondal… Nadie escapa a la plaga del vaciado.

La secuencia de esta tendencia, denominada «apagón comercial», sigue un patrón repetido. Suele comenzar con el cierre de una sucursal bancaria y luego, en cadena, le siguen diferentes establecimientos que no resisten el embate de la pérdida de movimiento, tráfico y clientes.

Los bancos que fueron durante años los principales culpables del encarecimiento de los locales, han terminado por matar calles enteras con la reducción de oficinas y personal.

En Pontevedra hasta la denominada milla de oro, la calle Benito Corbal, ha sido incapaz de escapar a la plaga. Aunque en este caso hay que sumar otra causa: la enorme carestía de los precios de arrendamiento que ha traído consigo la colonización de esa calle por multinacionales como el grupo Inditex que ha sembrado ambas aceras de tiendas de sus diferentes marcas.

Números contundentes

Valga como ejemplo de los sobreprecios que actualmente se pide una renta mensual de 23.000 euros por el local que ocupó la textil Blanco, en dos plantas, con una superficie de casi 500 metros cuadrados.

En Galicia había más de 6.800 locales comerciales desocupados a 31 de enero, según dato proporcionado por la Federación Gallega de Empresas Inmobiliarias (Fegein) y publicado recientemente por La Voz de Galicia.

El municipio de Pontevedra, con algo más de 83.000 habitantes, sufre este problema del mismo modo que ocurre en el resto de Galicia. Con el inconveniente añadido de la tipología económica. Una urbe como la nuestra donde la iniciativa privada, ya sea por cuenta de autónomos, ya por emprendimiento de pymes, supone la principal fuente de empleo, genera una dependencia muy grande. Mayor si cabe, debido a que somos un municipio muy desindustrializado, carente de grandes factorías —salvo Ence y gracias al Tribunal Supremo— y con un fuerte porcentaje de población dependiente del sector público, entre funcionarios y pensionistas. Así que la crisis del comercio de proximidad y el cierre de locales comerciales suponen una inquietud mayúscula.

Fuentes del sector como el portal inmobiliario idealista.com cifran actualmente entre 270 y 300 el número de locales comerciales vacíos que hay en el municipio de Pontevedra. En su mayoría son bajos y en menor medida —menos de un 20%—, naves industriales.

Intención saludable

La intención de la Xunta parece muy saludable. Aguardemos que así lo entiendan todos. Incluidos los gobiernos municipales, que serán actores fundamentales para que pueda prosperar el cambio normativo.

De momento me parece que ni la Fegamp (Federación Galega de Municipios e Provincias) ni la mayoría de alcaldes y alcaldesas de las grandes urbes se han pronunciado.

La posibilidad de esta conversión de bajos en viviendas puede no solo paliar la carencia de pisos en alquiler, tan necesarios en ciudades universitarias como Pontevedra. También suplementar la oferta de alojamiento como viviendas de uso turístico, pues la normativa del Concello concuerda en ese posible uso de las plantas bajas. La demanda de viviendas de uso turístico va en aumento, pero la normativa municipal ha complicado una progresión necesaria que ahora se podría desbloquear. Además, la restauración de locales y su adecentamiento para otros usos conllevará una revalorización de espacios urbanos y una mejora de la imagen urbana. Y finalmente abriría una veta de trabajo muy interesante para el sector de rehabilitación y constructoras.