Cafés Empáticos, un espacio para charlar y donde no sentirse juzgado

Una estudiante de Psicología impulsa esta iniciativa solidaria en la ciudad


pontevedra / la voz

En estos tiempos de prisas y mucha tecnología hay quien apuesta por el cara a cara desinteresado. Es lo que propone la santiaguesa afincada en Pontevedra desde hace tres años Iria Figueroa García. Esta diplomada en Trabajo Social por la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y estudiante de cuarto curso del grado en Psicología por la UNED de Pontevedra puso en marcha el pasado diciembre en el espacio Arroelo de la ciudad lo que llama Cafés Empáticos.

¿Qué son exactamente? Ella lo define como un espacio para hablar, desahogarse o reflexionar sobre aquello que le preocupa a cada persona. Son sesiones gratuitas de una hora y media de duración. «Se trata de tomarnos un café y charlar de forma distendida, relajada y agradable. Lo que quiero es que la gente se sienta escuchada, atendida, comprendida y, sobre todo, no juzgada». Iria aclara que lo que ofrece no es competencia para psicólogos u otros profesionales. «No hago un tratamiento clínico. Es una charla profunda, pero no se hace ningún tratamiento para la depresión u otras enfermedades. La conversación es individual y privada, se queda ahí y la persona llega hasta donde quiere». Eso es fundamental y son los pilares de sus Cafés Empáticos.

Iria relata que desde bien pequeña tiene el recuerdo de ser una niña a la que sus compañeros y amigos confiaban sus sentimientos, sus dudas y sus temores. Dice que siempre le ha resultado agradable y natural escuchar, transmitir confianza y motivación a los demás. «Creo que consigo hacer que las personas se sientan mejor consigo mismas y esto, en última instancia, es mi propósito de vida». Inicialmente los Cafés Empáticos estaban enfocados más para adolescentes y jóvenes por la «situación fastidiada» que muchos tienen porque no pueden salir y ven su futuro incierto. Un panorama no muy alentador que la pandemia quizá ha agravado todavía más. Para ellos y para todos. Por eso al final la iniciativa solidaria se amplió a todas las edades y perfiles personales. Como le gusta decir a Iria, sus cafés para charlar están abiertos «desde adolescentes de 14 y adolescentes de 99». Se trata de escuchar a quien lo necesite, no de hacer cribados.

¿Cómo se reserva cita para la conversación en Arroelo? La vía más directa es contactar con Iria a través de su correo electrónico (iriafigueroagarcia@gmail.com). Su intención es mantener los Cafés Empáticos al menos hasta el próximo mes de mayo. Apunta que los horarios son flexibles, aunque las charlas suelen ser por las tardes. Por el momento tiene dos personas que acuden al coworking de la calle Michelena para hablar. Probaron experiencia y ambos repitieron. Son un hombre y una mujer de 30 y 46 años, «un chico y una chica», como ella dice. Los define como «personas abiertas, curiosas y sensibles, con ganas de reflexionar sobre su vida y conocimiento interior».

Iria colabora con Arroelo y agradece el apoyo brindado por la responsable de este espacio de trabajo colaborativo, África Rodríguez, cuando le trasladó la iniciativa de los Cafés Empáticos. «Yo ya colaboraba con ellos y me parecía una iniciativa bonita para la ciudadanía y que me apetecía hacer. En unos meses tendré que ponerme a trabajar, pero mientras compagino los cafés con los estudios de Psicología en la UNED», señala. Esta diplomada en Trabajo Social también tiene conocimiento en eneagrama -sistema de clasificación de la personalidad- y en psicografología. Es, en definitiva, una enamorada de la psicología y del proceso de conocerse a uno mismo.

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