Un clasificador único en España

Además de trabajar como recuperador, Manu Barros evalúa el grado de discapacidad de paralímpicos


Pontevedra / La Voz

La vida de Manu Barros ha estado siempre muy ligada al mundo del deporte. Dos son las disciplinas que han ido ocupando las horas de su tiempo y que ha convertido en su modo de vida: el fútbol, como fisioterapeuta de club, y el taekuondo, como clasificador de paralímpicos para la Federación Mundial.

Aunque no hace tanto era considerado deportista de élite, hoy en día este joven pontevedrés se gana la vida como fisioterapeuta deportivo. A pesar de contar solo 30 primaveras, en su amplio currículo aparecen ya equipos como el Celta de Vigo o el Pontevedra CF, al cual ha permanecido ligado durante 7 años en dos etapas diferentes. Actualmente, y tras poner punto y final a su segunda etapa como fisioterapeuta del club granate, sigue trabajando con algunos de los futbolistas que el año pasado formaban parte de la plantilla del Pontevedra como los que actualmente militan en el Arenteiro o Jesús Berrocal, todavía sin equipo.

Si la vida en el plano futbolístico para Barros ha sido amplia y llena de cambios, en el taekuondo no lo es menos. Y es que, a pesar de que ahora el plano deportivo se ha quedado apartado para dedicarse a la gran pasión que para él supone el mundo de la fisioterapia, Manu ha sido considerado no hace mucho tiempo como una de las más firmes promesas del taekuondo español. Un palmarés en el que lucen hasta dos títulos de campeón de España de categoría júnior así lo acreditan.

El mundo del taekuondo le ha permitido viajar a países de toda Europa e incluso a otros mucho más exóticos como Corea del Sur. Durante un tiempo, en el que integró el compendio de deportistas de élite que forman parte del Centro Galego de Tecnificación Deportiva, a este pontevedrés le eran comunes términos como Open Internacional, Campeonato del Mundo o Campeonato de Europa (con medalla de bronce júnior incluida).

Lo que era un claro ascenso a cotas mayores para pasar de promesa a realidad en el deporte sénior, se torció de golpe por culpa de una lesión. Una rotura de menisco que le obligó a pasar dos veces por el quirófano dejó al Barros taekuondista lejos del nivel competitivo que a él le hubiera gustado. Es ahí cuando la ilusión la recobra en forma de oportunidad laboral. El Pontevedra CF se cruza en el camino de este joven aspirante a fisioterapia que, todavía en segundo de carrera, empieza trabajar para el club que siempre había seguido desde niño.

«Mi ilusión empezó a cambiar. Me empezó a interesar más estudiar y trabajar duro para poder llegar en el futuro a ser parte del primer equipo de mi ciudad, del que siempre fui muy aficionado», comenta el fisioterapeuta. Con las prioridades ya volteadas en la cabeza del lerezano, un ataque de miedo escénico en un Open Internacional luego de meses parado sin competir y un infructuoso campeonato de España Universitario, terminaron por despejar cualquier tipo de duda acerca de la retirada de los tatamis.

Pionero nacional

Hoy el mundo competitivo ha quedado a un lado para el bueno de Manu Barros pero, al igual que el fútbol, el taekuondo sigue formando parte muy importante en su vida. Así, además de ser miembro del equipo médico de la Federación Galega de Taekwondo cada vez que sus deportistas viajan a algún campeonato, también compatibiliza esto con uno de los cargos menos conocidos y escasos de este deporte; el de juez clasificador internacional paralímpicos.

Un clasificador de paralímpicos es un responsable que tiene la misión de evaluar el grado de discapacidad de los deportistas antes de cada campeonato, en este caso en una disciplina como la del taekuondo que debutará en los próximos Juegos Olímpicos de Tokio. Este puesto lo suelen ocupar generalmente fisioterapeutas y médicos con un basto conocimiento biomecánico y anatómico del taekuondo. El paso parecía lógico y Manu Barros puede presumir de ser el primer y único clasificador de taekuondo paralímpico que hay en España.

«Me puse en contacto con la Federación Mundial de Taekwondo. Aceptaron mi currículo y tuve que superar un curso en Moldavia. Me presenté allí con mi nivel de inglés de instituto y después de haberme leído y estudiado otros deportes paralímpicos suponiendo que el temario sería similar. Me fue muy bien, saqué muy buena nota, y unos meses después ya estaba trabajando en mi primer campeonato en Inglaterra», recuerda el hoy representante del equipo médico de la World Taekwondo Federation.

Si el deporte es parte de un núcleo imprescindible que no puede faltar en la vida de Manu Barros, la formación y la fisioterapia es sin duda la piedra angular. El pontevedrés fue alumno aventajado de su promoción y desde un principio siempre mostró un mayor interés en la especialidad de la fisioterapia deportiva con el fin de poder compatibilizar sus dos pasiones. Hoy es un profesional reconocido en su campo y continúa todavía en plena formación para seguir aprendiendo técnicas y métodos nuevos con los que convertirse en un profesional más completo. Con una metodología formativa muy autodidáctica y sin dejar de leer y de informarse, Barros ha ido derribando todas las puertas que se ha encontrado en su camino. El equipo de su vida y la Federación Mundial de Taekwondo son ya parte de un currículo demasiado extenso para alguien de su edad.

La parte formativa la ocupa, además, a lo dos lados de un aula. Además de crecer aprendiendo nuevos métodos, a Barros todavía le queda tiempo para repartir conocimientos a través de diferentes conferencias y charlas que imparte para la Universidade de Vigo. Quién sabe si un futuro en la docencia le espera a la vuelta en la esquina. «De momento aun tengo mucha caña que darle al cuerpo», concluye Barros mientras piensa en un futuro que quizás a medio plazo puede vislumbrar en el extranjero. Pero ese es un capitulo de su vida todavía por descubrir.

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