Como Pepe Gotera y Otilio

Asistimos a una sucesión de decisiones sin aval técnico sustentadas en la supuesta infalibilidad de Mosquera ante el espanto de la oposición y asociaciones empresariales


Dejemos sentado un principio básico: el modelo urbano que la ciudad de Pontevedra ha logrado darse y acuñar como «marca», es un éxito. Y lo es, sobre todo por la implicación de la ciudadanía. Sin esa complicidad, no existiría. Hoy en día, la filosofía de que el peatón impera sobre el vehículo está extendida y aceptada por la mayoría de la población. Como pontevedreses nos sentimos orgullosos de nuestra urbe y presumimos de la calidad de vida que tenemos.

Miguel Anxo Fernández Lores y su núcleo duro de concejales llevan 21 años sacando un enorme rédito electoral a ese proceso de transformación. Es cierto e indiscutible que a los gobiernos municipales (casi todos en coalición o apoyados cono por el PSOE) les corresponde el enorme mérito de haber impulsado semejante proceso. Un cambio diametral que arrancó con la valiente decisión de peatonalizar el centro histórico, adoptada a los pocos días de que Lores recogiese el primer bastón de mando.

Ordenanza de paripé

Pero el mérito se ha convertido en uso viciado. La esclerosis que inevitablemente ocasionan seis mandatos consecutivos ha desembocado en un feo defecto: la constante patrimonialización de lo que la propaganda bautizó como «modelo de cidade», apuntándose en exclusiva lo que es una conquista de toda la sociedad.

La entrada en vigor de la nueva ordenanza de movilidad es un claro ejemplo del paroxismo al que ha llegado este gobierno municipal a la búsqueda de titulares de prensa, minutos de televisión y ponencias para que Lores y Mosquera viajen. La ordenanza, por si no se acuerdan, tiene como estandarte establecer un límite de velocidad -¿realizable?- de 6 kilómetros por hora en las calles de plataforma única y regula los usos de las vías públicas a raíz de la irrupción de nuevos modos de movilidad como los patinetes eléctricos además de bicis y otros.

Qué un elenco amplio de colectivos critique la nueva ordenanza resulta indicativo de que asistimos a un exceso, aunque al gobierno municipal nada le importó. Ni siquiera que entre los críticos militen Amizade, Cogami o Pedaladas, que se sienten traicionados por un gobierno «amigo». Sienten que ahora se castiga a las personas con capacidades diversas al restringirles el tiempo de uso de las plazas de minusválidos. Los ciclistas se sienten «perseguidos» con esta ordenanza, patroneada por César Mosquera, que vaticinaron «será un enorme fracaso», según dijeron.

Obediencia pagada

Este lunes tendremos pleno municipal. Aflorará el caso de la Avenida Reina Victoria. Otra decisión «made in Mosquera» que se camufló como una medida de prevención contra los contagios, a modo de armadura ética contra las críticas y pobre del que lo hiciese. Lo que, por supuesto, ha terminado desmintiendo la realidad. Pontevedra sigue con muchos contagios. También aparecieron entre el profesorado y alumnado del IES Sánchez Cantón. La coartada se les desmoronó.

PP y Goyo Revenga presentan mociones para revertir ese corte de tráfico, con matices. Están condenadas de antemano al fracaso. Los 4 votos del PSOE impedirán restituir la normalidad. El papelón de los concejales socialistas es una opereta. El portavoz de este grupo, Tino Fernández ha sido un crítico muy proactivo con los excesos que achacaba al BNG en la reforma urbana. Recuerden, por ejemplo, las críticas a la «gymkana de lombos» camino de Montecelo. Lores y compañía, sabedores de esas «veleidades», le obligaron a firmar en el pacto de gobierno de 2019, una cláusula que conjura a los concejales del PSOE a secundar y no discrepar en público de las decisiones que tomasen en esta materia. A cambio, 61.000 euros anuales y primera tenencia de alcaldía para Tino Fernández. Si alguien espera que, por ejemplo, Yoya Blanco, sin duda la más sensible con las preocupaciones del comercio local, pueda romper mañana la disciplina de voto, olvídense. Ya está atada desde agosto con una dedicación plena. 46.500 euros anuales.

Chapuzas a domicilio

Mientras, el tándem Mosquera-Demetrio Gómez sigue campando como los personajes del cómic de Fernando Ibáñez. El concejal de Movilidad y su segundo se presuponen un nivel de infalibilidad que les lleva a decidir peatonalizaciones y cambios sin estudio o aval técnico alguno que lo justifique. En medio del ruido por la cacicada de Reina Victoria, se modificó el sentido de circulación en un tramo de Palamios que concomita con Rosalía de Castro. Es decir que a la mayor presión circulatoria que ya sufre Rosalía de Castro por el corte de Reina Victoria, aún se le meten más coches que terminan amontonándose en la rotonda en la que desembocan María Victoria Moreno y Manuel del Palacio. Otro disparate. El pretexto usado por Demetrio Gómez en Palamios es que «fue por petición de los vecinos». Como si él se caracterizase por escuchar al vecindario. Véase la reunión con los afectados de Reina Victoria.

En todo caso, lo más grave es que asistimos a una sucesión de decisiones sin que exista un patrón de actuación explicado para la organización del tráfico en la ciudad. Se cierra un vial sistémico y se sobrecargan calles y rotondas que no estaban preparadas para absorber la presión de miles de coches. Consecuencia: atascos permanentes que dificultan la circulación de entrada y salida. ¿Esa es la ciudad que queremos ser?

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