Toca reválida

En plena pandemia se cumple un año de las últimas municipales y se atisban las elecciones gallegas que premiarán o castigarán la gestión de muchos cargos públicos


De puntillas, sin eco mediático, se acaba de cumplir el primer aniversario de las últimas elecciones municipales celebradas el 26 de mayo del 2019. Es evidente que la pandemia del coronavirus lo puede todo y dicta agendas, como la mediática. Incluso para eclipsar un aniversario que en un escenario informativo normal habría dado lugar a dobles páginas en periódicos como este con un recuento de reacciones de los alcaldes del ámbito correspondiente. Sin embargo, nada. Ni una referencia hasta que a este cronista se le ocurrió plantear este artículo en clave de reválida. Porque eso es lo que resulta de esta circunstancia extraordinaria: una convalidación a los alcaldes y gobiernos municipales que resultaron de la cita electoral de hace doce meses.

La crisis sanitaria y la subsiguiente económico-social que propicia la pandemia, pone a prueba a todos cuantos políticos ejercen cargos públicos electos. Se le pondrá nota a todos por su capacidad de respuesta. Su gestión será validada por los ciudadanos en la suerte suprema que nos corresponde: con el voto.

12 de julio

Los gallegos tenemos oportunidad. Domingo 12 de julio. Elegiremos el próximo Parlamento autonómico y el signo de la Xunta. Ya sé que el voto en clave de autonómicas es diferente a los que se ejercen en registro municipal o con perspectiva de elecciones generales. Pero, ¿alguien duda de que habrá recompensas y castigos electorales por la gestión de unos y otros en esta megacrisis?

La percepción que los electores de la capital y de los concellos aledaños están obteniendo de la gestión de sus respectivos alcaldes y gobiernos municipales va a influir. Estamos ante algo tan extraordinario que se han roto las reglas de juego clásicas. De poco valen los proyectos, programas y presupuestos con los que los alcaldes enfocaban este mandato. La pandemia, ha volatilizado muchos planes. La emergencia obligó a rediseñar políticas, cambiar objetivos, modificar y habilitar partidas para encarar respuestas.

Ahora, según valoren los conciudadanos de Miguel Anxo Fernández Lores, Luciano Sobral, Telmo Martín, María Ramallo, Juan Manuel Rey, Andrés Díaz o Jorge Cubela cómo haya sido su correspondiente gestión en sus concellos ante las consecuencias económicas y sociales de esta crisis, así influirá en el voto que obtengan sus respectivos partidos políticos y candidaturas.

En la capital

El BNG afronta los próximos comicios autonómicos con la misma prevención que en ocasiones anteriores. En la ciudad del Lérez, cuando han tocado municipales, siempre se votó en clave personal. Lores ha sido el baluarte que ha logrado mantenerse al frente del Concello durante 20 años más la propina actual, complete los tres que restan de mandato o lo vaya a dejar dentro de unos meses como se rumorea desde hace tiempo, para que se fabrique su alternativa desde dentro del gobierno municipal. Pero la marca Lores se resiente cuando los electores de la capital han votado por autonómicas y generales. Suele perder a manos de PP y PSOE; de Feijoo y de Sánchez. No hay razones para pensar que esa tónica vaya a cambiar. Pero sí mucho interés en observar cómo se traduce en las urnas la gestión del propio Lores y su equipo en esta crisis. Estimo que frente a la sensación de cierto inmovilismo que ha dado por momentos el alcalde, a quien he notado atascado, varios de sus colaboradores pueden ayudarle a salvar los muebles. Destaco dos ejemplos recientes: Demetrio Gómez con el paquete de obras por importe de 40 millones de euros en ejecución en nueve parroquias y varios puntos del centro urbano, entre ellas la reforma del puente del Burgo a estrenar en julio; y Carme da Silva, con la reprogramación de las Fiestas de Verano que anunció el viernes, un pulmón económico para la ciudad y los sectores de hostelería, turismo y comercio de proximidad, a partir del 1 de julio. Y una Feira Franca versión Covid-19, incluida.

Por su parte, el PSOE pontevedrés, que participa gobierno de coalición con el BNG, lo que supone compartir platos rotos (los de Lores y también los de Pedro Sánchez), se va a tener que manejar en un equilibrio inestable. Buenas gestiones como la de Yoya Blanco en la concejalía de Promoción Económica con la campaña #PonteLovers se puede ver eclipsada por los errores que el electorado atribuya a la gestión del Gobierno de la nación. Es decir, que Gonzalo Caballero tendrá que capear el castigo que los electores entiendan que hayan merecido el presidente o ministros como Illa y Marlaska. Lo mismo ocurre con las posibilidades electorales de Galicia en Común-Podemos si el electorado pontevedrés pasa factura al vicepresidente social y demás, empezando por Yolanda Díaz y su errática gestión de los ERTE.

¿Y el PP? Pues también cara y cruz. La oposición municipal efectuada por Rafa Domínguez, muy pegadita a las inquietudes de los sectores más sensibles y castigados, puede traerle beneficios frente al inmovilismo del que se acusa al Concello. Pero la estrategia frentista de oposición que llevan a nivel nacional Casado, García Egea y Cayetana Álvarez de Toledo puede ser un lastre enorme. Aunque no olviden: a quién se examinará en este envite es al actual presidente de la Xunta. ¿La gestión de Feijoo en esta crisis, será refrendada? Es la gran incógnita a despejar.

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