¡Vaya toalla para la playa!

Los alcaldes deberán organizar con los escasos medios de cada concello, la avalancha de bañistas que se aguardan en los arenales a partir de mañana lunes


A los numerosos frentes que cada alcalde y alcaldesa tienen que atender con el estado de alarma y la desescalada en sus correspondientes concellos, acaban de endosarles el asunto de las playas. El lío empieza desde mañana lunes, con la entrada en fase 2, que posibilita que volvamos a usar y disfrutar plenamente de los arenales, no solo para pasear, sino también para tomar el sol y darnos un chapuzón. Pero no será como antes. Ahora rigen obligaciones nuevas. Deberemos de observar medidas de higiene, distancias de seguridad, restricción del aforo, reducción del tiempo de estancia y límites de reunión de bañistas, aunque sean miembros de una misma familia o una pandilla de amigos. En suma, un nuevo modo de ir a la playa, con «sentidiño», lo que demandará la responsabilidad común de los ciudadanos y la tutela por parte de los ayuntamientos.

Mil playas

Para los alcaldes gallegos, el envite es mayúsculo al ser nuestra comunidad autónoma con 1.700 kilómetros de costa, la de más litoral de todo el Estado. 73 municipios reúnen casi un millar de playas, siendo las Rías Baixas donde existe la mayor concentración de arenales con A Illa de Arousa como ejemplo palmario: una isla con apenas 7 kilómetros cuadrados y … ¡64 playas! Un reciente informe publicado por La Voz de Galicia nos contaba que si toda la población de A Illa (4.928 personas) fuera a la vez a darse un chapuzón, tocarían 77 habitantes por cada playa. Si no acudieran tantos miles de visitantes hasta A Illa, al bueno de Carlos Iglesias, alcalde isleño, esta fase 2 no le comportaría problemas. Pero sabe que le viene una marabunta y apela a la responsabilidad de todos.

Vigo (56 playas) y O Grove (54) suponen la cara y la cruz. Encaran el brete de modo muy diferente. Como pasa entre ayuntamientos grandes y ricos y pequeños y con menos posibles. Por capacidad presupuestaria y plantilla municipal, resulta diametral la capacidad de respuesta que puedan tener en esta tesitura los gobiernos de Abel Caballero y José Cacabelos. Como pasará en Pontevedra con la apertura mañana de las playas fluviales del Lérez y Ponte Sampaio más el arenal de Os Praceres, bajo condiciones de vigilancia que la capital sí se puede permitir.

Como pasó días atrás con el primer fin de semana de permiso para salir a pasear, a correr o andar en bici, se aguarda una marea. Aquel sábado 2 de mayo lo recordaremos porque salió gente por doquier, millones de personas en todo el país. Hasta gente que no había trotado en años, rescató del armario el chándal y las zapatillas deportivas. Me estoy imaginando las avalanchas que habrá a partir de mañana con miles de personas que desempolvarán bañadores y sombrillas. Con temperaturas de 30 grados por varios días y una semana de anticiclón.

Al menos, que a Galicia no se le haya autorizado aún la movilidad interprovincial absoluta -solo a 73 ayuntamientos fronterizos entre sí-, evitará por ahora que lleguen a mansalva los ourensanos que tienen a Samil, Playa América y Silgar como sus playas de referencia, lo que otorgará cierto margen de maniobra a los respectivos municipios para ir testando soluciones.

Poco margen

Las playas son públicas. La gobernanza sobre ellas corresponde a cada ayuntamiento. La papeleta, por tanto, para cada alcalde. La Xunta de Galicia pretendía generalizar un sistema de cita previa. Aunque Feijoo ahora lo niegue. La propuesta partió de un grupo de emprendedores pontevedreses. Fue avalada por dos consellerías (Turismo y Medio Ambiente). Planteaba el uso de una app que podríamos descargar en nuestros teléfonos móviles para hacernos con un código QR como el que se emplea para reservar viaje a Cíes, Ons o para visitar As Catedrais. Pero la mayoría de alcaldes dijeron no. Prefieren organizar el uso de sus playas de otra forma, como finalmente comunicó Alberto Varela, alcalde de Vilagarcía y presidente de la Fegamp a la Xunta.

Por tanto, no hay una receta común, sino diversidad de ideas que van desde las cuadrículas con estacas de Telmo para Silgar y con cintas de Abel para Samil y O Vao; el despliegue de policías locales en los municipios con más plantilla como Pontevedra, hasta la restricción de aparcamientos limitados con tarjetas que propone Pazos para los arenales de Cangas. ¿Y los más modestos? Apelan a la responsabilidad ciudadana… No les queda otra.

Para mayor dificultad, los concellos tienen poco margen de maniobra y nula experiencia previa. Probablemente asistiremos al ejercicio de soluciones, aunque sean coyunturales, para ir capeando.

Tampoco les ayudó la tardía difusión del protocolo al que atenerse. El Gobierno tenía un borrador del Instituto de Calidad Turística de España (ICTE) que ayer se validaba con rango de orden ministerial que el BOE publicaba en otra edición extraordinaria de sábado. Los detalles más llamativos que establece el BOE es que cada bañista deberá disponer de un espacio de 4 metros cuadrados y dejar 2 de distancia con otro usuario, y que los concellos pueden poner una ORA ficticia para limitar el tiempo de uso de la playa (sin cobrar, por supuesto).

Con lo que los ayuntamientos, a golpe de domingo tienen escaso margen para implementar algunas medidas con las que afrontar lo que se les viene encima.

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