Del escaño al césped

Una posible candidatura de Rajoy a presidir la Real Federación Española de Fútbol pondría a Rafael Louzán en la tesitura de decantarse por él o por Rubiales


Los caminos del fútbol son inescrutables. La enorme trascendencia social del llamado deporte rey ha propiciado que los presidentes de los clubes tengan más impacto mediático y sean más conocidos por la opinión pública que la mayoría de los ministros, conselleiros o concejales de cualquier Gobierno, Xunta o Concello. ¡Qué decir si hablamos de los mandatarios de los clubes más grandes! Florentino Pérez, Josep María Bartomeu o Carlos Mouriño, son personajes más notorios, reconocidos y seguidos que el nuevo ministro de Justicia, el conseller de Territori de la Generalitat o la titular de Medio Ambiente de la Xunta. En realidad, los presidentes del Real Madrid y del Barcelona están seguramente entre los diez personajes públicos más conocidos de España.

Pero si, como esta semana ha trascendido, Mariano Rajoy Brey decidiese dar el salto y presentarse a las elecciones para dirigir el fútbol español, estaríamos ante un caso inédito de alguien que después de haber presidido el Gobierno de la Nación, se propusiese regir la federación más conocida y poderosa del deporte español.

Vasos comunicantes

Desde hace años ocurre que se establecen vasos comunicantes entre la política y el fútbol que han propiciado el trasvase de personajes. Incluso ha habido algunas excepciones, pocas, que han logrado simultanear su presencia en ambos campos. Me vienen a la cabeza los casos de José García Liñares y Augusto César Lendoiro como los más paradigmáticos. Lendoiro fue durante 25 años dueño y señor del Deportivo de La Coruña, lo que compatibilizó con ser concejal, presidente de la Diputación así como senador y diputado elegido en las listas del PP. García Liñares también llegó a compatibilizar ser dirigente del club local de Cerceda con la alcaldía de la villa durante un cuarto de siglo, elegido al frente de la lista del PSOE, y además con ser presidente de la Federación Gallega de Fútbol durante cuatro años. Uno y otro acabaron mal.

A Lendoiro lo fulminaron las deudas del SuperDepor que tuvo que afrontar una concursal por 160 millones de euros. Su carrera política había acabado antes, cuando el PP le arrinconó al ser incapaz de derrotar a Paco Vázquez en la pugna por la alcaldía de la ciudad.

A García Liñares también se le han torcido los renglones: el CCD Cerceda ha desaparecido por las deudas; acaba de dimitir como regidor por una condena judicial y desde hace cinco años Rafael Louzán le apeó de la presidencia de la territorial.

Cohabitación

Hoy en día esa cohabitación entre política y fútbol es más rara que hace una o dos décadas. Pero aún queda algún caso. El más cercano, sin duda, Lupe Murillo. La empresaria preside la SAD Pontevedra CF desde el 2014 y lo compatibiliza desde el 2016 con el escaño como diputada del Parlamento de Galicia, que ocupa al ser elegida en el quinto lugar de la candidatura del PP por esta provincia, que encabezó el propio Alberto Núñez Feijóo. Como en cuestión de meses tocan de nuevo elecciones en Galicia, sabremos si se prolongará esa dualidad.

Lo más habitual es que muchos políticos aterricen en la dirigencia de clubes o federaciones de fútbol buscando una nueva atalaya de poder y notoriedad. Normalmente como alternativa a esa etapa anterior en ayuntamientos, diputaciones u otras Administraciones. La reciente historia de la política gallega ha dado lugar a esos traspasos. En Pontevedra tuvimos sucesivos ejemplos. El citado Louzán es el ejemplo más notorio. Después de ser durante doce años presidente de la Diputación de Pontevedra, presidente provincial del PP y uno de los políticos más influyentes del centro derecha, se ha reinventado como directivo futbolístico. Está al frente de la Federación Gallega, que se ha convertido en la cuarta territorial más importante del país, con 100.000 licencias.

Antes de que saltase esta semana la hipótesis Rajoy, Louzán ha venido sonando como aspirante al sillón principal de la Ciudad del Fútbol en Las Rozas. El de Ribadumia ha admitido en varias declaraciones que sopesaba esa variable. Sin embargo, parece que Rubiales le hubiera ganado para su causa después de haberle hecho directivo de la RFEF, ocupando desde diciembre la vacante que dejó Tino Fernández, el expresidente del Dépor. Fue la plasmación del acercamiento Louzán-Rubiales que había empezado un mes antes cuando el presidente de la RFEF vino a Santiago a los actos del centenario de la federación gallega.

Si lo de Rajoy va en serio me pregunto de qué lado se pondrá Rafa Louzán. ¿Con Rubiales, que parece haberle neutralizado como potencial rival, o con su anterior jefe político por aquello de la obediencia debida? No obstante, dudo mucho que Mariano tenga seriamente intención de postularse. Se está dejando querer y se sentirá halagado. Pero no me cuadra con su actual plan de vida, escribiendo libros, dando conferencias, entrevistas y disfrutando de sus aficiones y familia.

Acabo de escuchar unas declaraciones de Louzán en una emisora. Creo que él también está convencido de que Rajoy no va a presentarse. Textualmente el de Ribadumia ha dicho del expresidente del Gobierno: «Creo que tiene otras cosas en su cabeza y está muy tranquilo».

A lo mejor lo hablan un fin de semana de stos mientras patean por la Ruta da Pedra e da Auga.

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