Pontevedra, primera «Ciudad 10»

La Boa Vila se exige aún más al rebajar la velocidad máxima de circulación en el centro histórico y en las calles y plazas de plataforma única


Pontevedra vuelve a ponerse en el mapa de España como avanzadilla de la movilidad urbana al implantar una medida de calmado de tráfico que supone un paso más en su condición de precursora. Si antes lo fuimos por ser de las primeras capitales de provincia en regular a «velocidad 30» casi todo el casco urbano e incluso algunas de las vías del cinturón rural, ahora la Boa Vila se destaca al poner el límite en solo 10 kilómetros por hora. Es la primera capital de provincia que aplica una restricción de este tipo a gran parte de la ciudad, superando el único precedente que existía. Concretamente en Valencia, donde se exige para los VMP (Vehículos de Movilidad Personal) como patinetes eléctricos solo en calles peatonales y parques y jardines.

Varias finalidades

Es claro que el planteamiento de Pontevedra es más ambicioso porque de momento, ya se aplica en las calles y plazas de plataforma única, entendiendo por tales aquellas en las que calzada y aceras son un todo, en un mismo plano y superficie. Es decir calles tipo Michelena que es sin duda la que soporta mayor mixtura de tráfico entre vehículos a motor, bicicletas, patinetes eléctricos y por supuesto, multitud de peatones.

Creo que la medida tiene dos finalidades primarias y una tercera, más velada. Pero también entraña cierto riesgo que en seguida explicaré.

Las finalidades primarias son contribuir a una mayor sensación de seguridad y reforzar el mensaje de que es mejor ir andando. Precisamente para quienes caminan por el centro histórico y calles de plataforma única donde hay que convivir con un sinfín de vehículos, la «zona 10» persigue una «mayor sensación -psicológica- de seguridad» como el propio Demetrio Gómez, concejal responsable de la materia, admitía en la rueda de prensa en la que presentó la medida que se implantó desde el jueves. Para una mayoría de pontevedreses, ya como conductores, ya como peatones, la mera presencia de personas caminando por esas calles resulta inhibitoria frente a la tentación de pisar el acelerador. Transportistas, repartidores y taxistas están muy hechos a esa convivencia por lo que la reducción en 20 kilómetros por hora con respecto a la limitación anterior, apenas debe suponer problema.

Sin embargo hay un riesgo latente que demanda más vigilancia y, con seguridad, la imposición de sanciones que ejemplaricen. Me refiero a algunos repartidores de comida en ciclomotores, determinados ciclistas y una parte de los usuarios de patinetes eléctricos. Hasta ahora, pese a las limitaciones que estaban vigentes, los niveles de incumplimiento por parte de ese porcentaje de individuos en esos vehículos son manifiestos. Solo hay que situarse en determinadas calles y a ciertas horas para confirmarlo.

En este punto citaré a Miguel Lago, presidente de Zona Monumental quien declaraba esta semana que hay franjas horarias nocturnas en las que los repartidores de pizza y otras comidas a domicilio superan el límite de velocidad cuando llevan sus envíos por calles y plazas del centro histórico, con manifiesta impunidad. Y también citaba Lago el problema de convivencia entre peatones, ciclistas, skaters y patinetes eléctricos en plazas como Curros Enríquez entre otros sitios de nutrida concurrencia.

Nueva ordenanza

Si el Concello quiere que el cumplimiento de la «zona 10» sea por todos, la Policía Local tiene trabajo por delante para sancionar. No por afán recaudador sino para trasladar una moraleja y prevenir riesgos.

Y el gobierno municipal tiene que acabar los deberes pendientes. Es decir concluir la elaboración de la nueva ordenanza municipal de movilidad que contemple los nuevos escenarios que suponen la irrupción de los patinetes eléctricos y otros vehículos de movilidad personal así como establecer los criterios sobre el tránsito de los ciclistas.

El criterio ya se presupone. César Mosquera ya pontificó hace un par de semanas: «A norma está moi clara: os patinetes non poden ir polas beirarrúas, teñen que circular polas calzadas». El vicepresidente de la Diputación y padre de las políticas de reforma urbana y calmado de tráfico desarrolladas durante estas dos últimas décadas, salió así al paso de las polémicas surgidas por los recientes episodios protagonizados por sendos usuarios de patinetes eléctricos que fueron multados: una mujer por circular por la autopista; y un varón por hacerlo por la acera y bajo los efectos del alcohol. 

Propaganda

Escribí unos párrafos atrás que la implantación de la «velocidad 10» tiene también una finalidad más velada pero no desmentida: el gobierno municipal de Pontevedra busca sobresalir en el panorama nacional e internacional como pionero de las políticas de conciliación entre coches y peatones y de humanización urbana.

Aunque es evidente que el éxito es de todos, de la ciudad y sus habitantes, el gobierno municipal y de modo particular el BNG, han venido rentabilizando durante años este asunto, «o modelo de cidade», como un poderosísimo instrumento de propaganda. Qué periódicos y cadenas de televisión de todo el mundo manden desde hace años reporteros a Pontevedra para hablar de nosotros; que nuestro alcalde sea invitado a hablar ante muy diversos foros por el mundo adelante, tiene un valor añadido y un innegable rédito. Renunciar a ello es muy difícil.

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