Dos cármenes no pelean si una no quiere

El «hachazo» de Carme da Silva a Carmela Silva por la ofrenda a la Virgen Peregrina es una inoportuna piedra en el zapato de los gobiernos coaligados en Concello y Diputación


Dos no pelean si una no quiere. Parece evidente que Carmela Silva no ha querido entrar al cuerpo a cuerpo que buscaba su tocaya, Carme da Silva. La concejala del BNG en Pontevedra, concejala de Festas y reciente candidata al Congreso de los Diputados, ha buscado un enfrentamiento directo y frontal con el PSOE apuntando directamente a la presidenta de la Diputación Provincial y mano derecha de Abel Caballero. La crítica de la munícipe pontevedresa a la participación activa de la Diputación en un acto institucional como la ofrenda a la Virgen Peregrina, patrona de la provincia -como viene ocurriendo desde hace un montón de años, entre ellos en los últimos cinco en que PSOE-BNG gobiernan en coalición la Diputación- pretende abrir un frente de conflicto tan innecesario como artificial.

En caso de que el BNG sintiera que debía objetar por este asunto: ¿no habría sido más lógico que semejante reparo a Carmela Silva y al sector PSOE del gabinete coaligado en Diputación hubiera sido efectuado por el nacionalista César Mosquera, vicepresidente de la institución quien, por el contrario, está muy callado?

El silencio de Mosquera (ahora como desde 2015) es tanto más llamativo cuanto más ruido ha hecho Carme da Silva. Al fin y al cabo Mosquera es compañero de corporación municipal y además ha tenido un enorme ascendente sobre ella, algo de lo que nadie que les conozca dudará.

Y otra reflexión previa: ¿es consciente la concejala portavoz del BNG que con sus declaraciones también pone en una situación «difícil» a los concejales del PSOE que son socios de gobierno municipal? Por cierto, asimismo es notorio el silencio de Tino Fernández, vicealcalde de Pontevedra ante la andanada dialéctica de su compañera de gabinete.

No fue un «calentón»

De entrada, aclaremos como se produjo el «hachazo». La concejala Carme da Silva compareció el lunes para hacer un balance -esperado- de la Semana Grande de las Fiestas de Pontevedra. En el transcurso de su disquisición ante los periodistas que asistían a la rueda de prensa, Carme da Silva fue enlazando una serie de reflexiones y de repente hilvanó con la ofrenda del domingo a la Virgen Peregrina para descolgar su crítica a la participación activa del actual gobierno de la Diputación (obviando que es una coalición PSOE-BNG) en esa ceremonia que se repite desde hace un montón de años.

La concejala lamentó que el diputado oferente, el socialista vigués Santos Héctor Rodríguez, apelase en esta ocasión a la mediación de la Patrona de la provincia para subsanar la pobreza y la situación de los más desfavorecidos. Carme da Silva aprovechó para relacionar la cita al oferente con que la presidenta de la Diputación y sus compañeros del PSOE «non teñen tan claras esas cousas do laicismo» en referencia a lo que para la edil del BNG es un anacronismo «en pleno século XXI».

Habrá quienes se pregunten ¿por qué Carme da Silva abrió este frente de beligerancia? ¿Le traicionó el subconsciente? ¿Fue producto de un calentón?

Rotundamente, no. La concejala del BNG eligió el momento, la rueda de prensa de valoración de la Semana Grande, siempre rodeada de notable expectación mediática. Carme da Silva fue llevando su disquisición hacia esos derroteros y lo hizo de modo absolutamente consciente. Quería decir lo que dijo y durante los días siguientes, lejos de corregir, se ha ratificado en su crítica.

Tormenta en una bañera

En Diputación, personas del entorno de la presidenta señalaron que Carmela Silva no quería entrar en la refriega. En los medios informativos, la única reacción que se le imputa, a través de fuentes cercanas a la presidenta, fue una cita entrecomillada: «no vamos a alimentar polémicas que no existen». Del mismo modo, sus compañeros diputados del PSOE han optado por dar la callada por respuesta haciéndole el vacío a la concejala del Bloque.

En privado uno de ellos con quien hablé me reconoció la sorpresa que les causó semejante «salida de pata de banco» de la concejala pretendiendo «crear una tormenta en una bañera».

Con ese mismo diputado socialista recordamos que no todos los alcaldes y concejales del BNG profesan el laicismo activo que exige Carme da Silva. El ejemplo más cercano es Félix Juncal, regidor nacionalista de Bueu, que acaba de renovar por un quinto mandato. Tanto él como sus concejales del BNG van a los actos religiosos y procesiones como representantes institucionales al entender que es su deber estar en las ceremonias que tienen tanta repercusión social.

El PP al quite

La escaramuza dialéctica ha servido al PP para buscar un ángulo de crítica a los gobiernos coaligados en Concello y Diputación. Pepa Pardo, a la sazón concejala de la capital y diputada provincial se encargó de la incursión. Aprovechó para lamentar el absentismo del alcalde «de los actos litúrgicos de las fiestas desde hace 20 años» desde la llegada de Miguel Anxo Fernández Lores y para remachar con «mal vamos si el BNG ya está criticando a su socio de al mes y medio de formar gobierno».

Desde la perspectiva de la oposición municipal, Carme da Silva les ha servido otro motivo en apenas 45 días de nuevo mandato para apretar clavijas sobre el delicado equilibrio del pacto de gobierno BNG-PSOE en el Concello. No duden que el PP les saque el tema a relucir en el próximo pleno de la corporación.

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