El Camino Portugués, material sensible

Las inversiones anunciadas para el Plan Estratéxico Xacobeo 2021 deberían ser la solución a los problemas de seguridad vial de diversos tramos


Desde hace largo tiempo colectivos como la Fundación de Amigos del Camino Portugués vienen reclamando una fuerte inversión de dinero público para mejorar la seguridad vial en los tramos más problemáticos de la ruta que cruza nuestra provincia, desde Tui hasta Pontecesures. La gran suerte que hemos tenido en estos 26 años transcurridos desde que Celestino Lores, al frente de un grupo de entusiastas, recuperó el llamado Camino Portugués para lanzarlo al nivel actual (más de 80.000 peregrinos lo transitarán en este ejercicio) es que no ha ocurrido ningún accidente grave pese a la notoria peligrosidad de unos cuantos tramos.

En palabras del propio Tino Lores, «el Camino Portugués no es solo estadísticas y números que vender para explicar el incremento de peregrinos y de visitantes a Galicia. Es material sensible y si un día tenemos la desgracia de que un coche arrolla a un grupo de peregrinos, todo lo que llevamos luchado y conseguido se irá al garete porque una noticia así se repercutiría en los cinco continentes».

Carrera de obstáculos

El anuncio reciente por parte del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo, del Plan Estratéxico Xacobeo 2021 con una inversión de 250 millones de euros para «celebrar el mejor Año Santo de la historia que permita mostrar la mejor Galicia», según la definición del propio Alberto Núñez Feijoo, nos hace albergar la razonable esperanza de que por fin se acometerán mejoras en la seguridad de las infraestructuras del camino tan demandadas. Incluso con mandatos del Parlamento Gallego aprobados por unanimidad. Pero no va a ser sencillo. Será una carrera de obstáculos a superar en apenas dos años.

Una de las peticiones más requeridas desde hace mucho tiempo es la variante de Alba que, además de resolver la conexión entre las carreteras N-550 y PO-531, permitiría corregir, al menos en parte, el tramo de Camino Portugués que transcurre por esa zona del municipio pontevedrés. Lamentablemente ya se ha contrastado la peligrosidad de la curva de San Caetano, donde cruzan a diario cientos de peregrinos con algunos atropellos de carácter leve, afortunadamente, como el acaecido en mayo del año pasado.

Después de malograrse algunos proyectos anteriores durante quince años, el último trazado de la variante, presentado en junio por la conselleira Ethel Vázquez, ya está concitando un creciente foco de protestas en Campañó cuyo vecindario entiende que la solución viaria sobrecargará de tráfico a esta parroquia. Tampoco al gobierno municipal de Pontevedra le satisface plenamente la opción de trazado elegido por la Xunta de Galicia y Ministerio de Fomento. Entre otras razones -y en lo que atañe a la sustancia de este artículo- porque solo mejorará parcialmente la seguridad para los peatones en la PO-225, ya que solo afectará a unos centenares de metros por los que discurre el trazado del Camino Portugués y no a la totalidad.

En palabras del concelleiro de Infraestructuras, César Mosquera, «a Xunta podería ceder ao Concello este vial unha vez que se teña executado esa senda peatonal que, como todo o proxecto, debería completarse no 2020, pero lamentando que non se actúe na totalidade da PO-225 e cos criterios de seguridade peonil que imprime o Concello ás súas actuacións». Si hay tal cesión, tendrá que ser la Administración municipal la que concluya la senda para peregrinos, hoy en día inexistente.

Los peligros de la N-550

La ruta del Camino Portugués por la provincia de Pontevedra se solapa con la traza de la carretera N-550 que discurre desde Tui hasta Pontecesures, en dirección también a Santiago. Esa coincidencia es la madre del cordero de la peligrosidad que entraña. Un estudio de la Fundación de Amigos del Camino Portugués acreditó once puntos negros concentrados en Porriño, Mos, Redondela, Arcade, Ponte Sampaio, Tomeza, San Caetano-Alba, Barro y Caldas.

Ese informe se entregó a los diputados de la Comisión de Infraestructuras del Parlamento Gallego que acordó por unanimidad -hace tres años- instar a la Xunta de Galicia, al Ministerio de Fomento y a la Diputación de Pontevedra a resolver las carencias de seguridad vial en los tramos de la ruta jacobea que coinciden con carreteras de sus respectivas titularidades. Desde 2017, el mapa de riesgos es el mismo.

Ahora que la Xunta de Galicia parece más comprometida a poner el dinero necesario para estas mejoras, será cuestión de arrancar el mismo grado de compromiso al próximo ministro de Fomento. Solo así se podrán corregir situaciones de vértigo que se dan a diario cuando se ve atravesar a cientos de peregrinos -miles en este verano- por sitios como el cruce del Colegio de Cesantes, con mínima visibilidad, ningún paso de peatones habilitado y mucho tráfico de vehículos ligeros y pesados. O en la subida a Arcade, por donde los peregrinos van de a uno por un minúsculo arcén al lado de los dos carriles, uno de adelantamiento, para los vehículos que transitan a gran velocidad, en dirección Pontevedra.

Probablemente en esos dos puntos, como en otros también angostos, la solución viaria sea muy complicada por lo que procedería plantear sendas alternativas para los peregrinos, evitando los cruces con la N-550 pues, al fin y al cabo, tampoco el Camino Portugués históricamente discurría exactamente por donde hoy en día se hace.

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