«Convertí mi afición en mi trabajo»

Su vida estaba encaminada al cine, pero al volver de Barcelona la esgrima fue su día a día


pontevedra / La Voz

Una de las decisiones más importantes de Adrián Cubela tuvo un 90 % de locura y otro tanto de ilusión. Hace once años regresó de Barcelona y puso los cimientos de la Escola Hungaresa de Esgrima de Pontevedra haciendo oídos sordos a los comentarios que le desaconsejaban la idea de optar por un deporte minoritario en la capital del Lérez. «Me decían que no iba a funcionar», recuerda. Pero el lema de su escuela era algo que traía aprendido de su juventud: «pasión por la esgrima». Con los años ese punto de locura se fue transformando en una realidad avalada por los números, que en este caso no son otros que sus alumnos. A día de hoy, recién cumplidos los once años desde su fundación, tiene 110 licencias y es el segundo club más numeroso de Galicia, después de Esgrima A Coruña.

Cubela llegó a esta disciplina casi por casualidad, como hoy en día hacen muchos de sus alumnos. «Vienen padres y me dicen que sus hijos quieren hacer esgrima, que no saben cómo se le ocurrió», comenta Adrián, que se ve reflejado en ese espejo de juventud. Él se enamoró de esta disciplina cuando ya superaba la mayoría de edad. Llegó a Barcelona para estudiar cine y buscó un lugar en el que poder practicar esta pasión para no perder la afición a la que se había enganchado. Y lo que empezó como ocio se convirtió en trabajo y viceversa. Invirtió su vida. «Fui a Barcelona a estudiar cine y trabajé de eso, pero poco a poco mi afición se convirtió en mi profesión y mi trabajo», comenta Cubela.

Ahora vive de la esgrima y disfruta con el cine cuando le queda tiempo libre. Desde entonces su escuela ocupa el cien por cien de su día a día y pelea por conseguir nuevas metas dentro de esta disciplina. El último logro fue un empeño personal. Desde que era niño tiene una especial sensibilidad con las personas con discapacidad visual. Así que hace casi siete años empezó una andadura que hoy concluye con un reglamento para una disciplina que sigue creciendo. «Somos el único club de España que trabaja esta modalidad, en Italia hay once y en Francia también son numerosos, son los dos países más avanzados en esgrima y tienen una competición paralela», subraya Adrián Cubela, que como colofón a estos siete años de trabajo e investigación el pasado 16 de marzo, la Escola Hungaresa de Esgrima de Pontevedra realizó la presentación oficial en España de esta disciplina.

Implicar a más clubes

Durante todo este tiempo trabajó de la mano de Carmen Morillo, presidenta del club, y se integró en un proyecto europeo integrado por Francia, Italia, Suecia, Portugal y España, donde este club era el único representante nacional. «Ahora buscamos que se sumen centros de otras federaciones, en junio tendremos cursos de formación con otras equipos gallegos», explica Adrián Cubela, quien asegura que esto es «un empeño personal, siempre busque cómo colaborar con las personas con deficiencia visual y pensé que a través de la esgrima era viable, es posible por el contacto con las armas y el tacto».

Este ha sido el último trabajo en el que se ha embarcado. Él conoce los beneficios de esta disciplina y quiere trasladárselo a sus alumnos. «Cada día es gratificante, puede haber un grupo mejor o peor, pero siempre puedes sacar lecciones útiles de todos», indica el director técnico de la Escola Hungaresa, que reconoce que «ya es bastante premio que la esgrima ayude a mis alumnos a desarrollar ciertas habilidades».

Cada mañana y cada tarde, Adrián Cubela dedica sus días a entrenar. Y además lo hace con gente de todas las edades. Desde los seis años y hasta los 99, la Escola Hungaresa está abiertas a todos los que quieran meterse en esta aventura deportiva. Él empezó pasada la veintena y ahora enseña a un hombre de 62 años, el más veterano del centro. En la escuela manejan todas las modalidades, desde el florete a la espada o el sable, pero es este último el que da mayor espectáculo, requiere cierta fortaleza física en las piernas, pero sobre todo rapidez y explosividad.

Lo que empezó como una aventura es hoy una empresa en la que trabajan seis personas y que transmite a los alumnos una pasión ya arraigada en la ciudad.

La Escola tiene a día de hoy 110 licencias y es la segunda más grande de Galicia

Trabajó con clubes de otros países para poner en marcha la esgrima a ciegas con un reglamento

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