El hombre orquesta del Peixe

Juanchi Orellano aprovecha los huecos que le deja libre el Peixe Galego para pintar o dar conciertos, como el del pasado domingo en Marín


pontevedra / LA Voz

El sábado Juanchi Orellano jugaba en Gijón el último partido de liga regular con el Peixe Galego y el domingo por la noche cambiaba la pista por el escenario y el balón por la guitarra y el piano en un pequeño local de Marín. De los gritos de ánimo a sus compañeros pasó a entonar las letras de grupos como Jarabe de Palo, Queen, MClan, Andrés Calamaro o incluso el archiconocido Despacito de Luis Fonsi. Y es que este hispano argentino afincado en Marín le da a todo lo que sea arte. Se defiende en la cancha, pero también cantando o con un pincel en la mano. «Somos una familia de artistas, mi madre es licenciada en Bellas Artes y siempre pintó, mis padres estaban en coros y mi hermano mayor toca la guitarra, al final uno hace muchas veces lo que ve en su casa de niño», comenta Juanchi Orellano, que cuando el baloncesto le deja un hueco acude a la Escuela de Música de Cambados para que María mantenga viva esa pasión. Su profesora le enseñó a perfeccionar lo que aprendió de los suyos en su Argentina natal.

Recuerda que cuando era un niño sus padres lo llevaban a pintar y a jugar al baloncesto, pero como pasaba más horas en la pista, acabó por dedicarse al deporte. Cualidades tenía. Cuando llegó al Xuven comenzó a recuperar eso que hacía de niño y aún hoy sigue aprendiendo. «Tomo clases de canto y de piano, a mi me da de comer el baloncesto, pero intento desarrollar al máximo todo lo que me apasiona», explica Orellano, que el pasado domingo en La Huerta de la Abuela contó con los coros de muchos aficionados que no quería perderse las otras virtudes de este artista multidisciplinar. «Actúo cuando puedo y no estoy con el baloncesto, como este fin de semana terminó la primera fase, aproveché, la última vez que había actuado fue en verano en el País Vasco», comenta. No es que la gira sobre los escenarios le llevase lejos de Galicia, sino que su novia es vasca y estaba pasando allí unos días.

Antes de regresar al Xuven de Cambados, militó un año el Zornotza. Aprovechó el descanso para cultivar su pasión por la música. O por la pintura. Porque Juanchi Orellano pinta lienzos. Lo hace con la misma claridad que juega en la pista. «Tiro más al realismo, me gusta que la gente entienda lo que se pinta, mi casa en Argentina está llena de cuadros de mi madre, así que la última vez que estuve allí me hice un hueco y colgué uno mio para que me recuerden», comenta el jugador que cumple su segunda temporada en el Peixe, con un promedio de anotaciones de 6,3 y cuatro rebotes por partido.

Ahora la fase de ascenso

No sabe cuando volverá a subirse a un escenario, ahora se centrará en las pistas de baloncesto para buscar el ascenso. «Empezamos la fase de ascenso con mucha ilusión, teníamos ganas de llegar hasta aquí después de meternos entre los seis primeros, pero si alguien me pide o me ofrece algo, lo hago, si no cantaré en casa para mi solo», comenta Orellano, que está acostumbrado a amenizar las fiestas de amigos.

En el repertorio del domingo en Marín optó por canciones conocidas para que el público se metiese en faena y el local se convirtiese en una fiesta. Aunque sobre el escenario y la pista derrocha desparpajo, es tímido y prefiere sacarse méritos. En A Raña los demuestra todos. Se ha convertido en una pieza importante del cinco de Javi Llorente, aunque en el último encuentro se haya dejado llevar por el descontrol de un equipo que ya no tenía necesidad de ganar. Ahora quiere entonar el ascenso.

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