Los riesgos del crecimiento

Tanto el accidente del catamarán como los atascos recurrentes en los viales de playas en O Salnés y O Morrazo constituyen avisos para mejorar nuestra potencialidad turística


El incendio del catamarán Boramar cuando navegaba con medio centenar de turistas por la ensenada de O Grove, ocurrido un 24 de julio, como aquel maldito día de la curva de Angrois, pudo haberse saldado como una tragedia similar, pero quiso la fortuna y la pronta intervención de numerosos marineros y otras embarcaciones, que no fuera así. Pese a los 38 heridos, el balance del accidente fue leve, a expensas de la evolución de los que aún están hospitalizados. Pero sería del género estúpido que no se extrajesen conclusiones del suceso y por tanto se adopten medidas tanto de prevención de riesgos como de corrección de deficiencias.

Del mismo modo este verano queda marcado también por la repetición de atascos y caravanas en los viales de playas más concurridos. Aunque sea un fenómeno recurrente, nos está avisando de otra carencia que no ayuda a trasladar la mejor imagen de las Rías Baixas. Si aspiramos a consolidarnos entre el “top 5” de los destinos turísticos nacionales, deberíamos asumir que la accesibilidad mediante un tiempo de viaje razonable es una necesidad de primer orden que hoy en día no ofrecemos.

Interrogantes

El accidente del catamarán deja varios interrogantes. Primero, el origen. Sendas investigaciones en marcha a cargo de la Guardia Civil y otra que cursa la autoridad marítima. Ambas tropiezan con la destrucción de indicios como acreditan los restos embarrancados en Punta Cabreira. Aguardemos que la toma de declaraciones a tripulación y pasaje arroje luz. Varios turistas declararon que se escuchó a bordo una explosión lo que indujo como primera hipótesis, un percance en la cocina del catamarán ya que durante esas singladuras se ofrecen mejillones al vapor y otras viandas que se preparan a bordo. Pero también circula una segunda hipótesis que plantea que fue un fallo en los motores. Sea como fuere está acreditado que en apenas 20 minutos un pavoroso incendio destruye un catamarán que se había botado el pasado 16 de julio. Pero contrariamente a lo que se creía inicialmente, no se estrenaba “de paquete” ese día del Carmen sino que ya tenía 22 años de antigüedad cuando fue incorporado por la naviera Cruceros Rías Baixas a su flota, procedente del Mediterráneo. Por tanto será necesario comprobar que tipo de inspecciones de seguridad y tareas de mantenimiento pasan este tipo de embarcaciones.

La Plataforma en Defensa del Sector Marítimo Pesquero de Galicia acaba de denunciar que el accidente del Boramar revela que, textualmente, «fallaron los protocolos de seguridad y las radiocomunicaciones». Pregunta: ¿los tiempos de respuesta de los equipos de emergencias fueron los adecuados?

Lo que está constatado es que la prontísima reacción de embarcaciones que navegaban cerca y otras de marineros que zarparon del puerto grovense posibilitó el rescate de la mayoría del pasaje que se tiró al agua para huir de las llamas. Como relató, en La Voz de Galicia, Alfonso Padín, quien recogió, entre otros, al matrimonio de Guadalajara que resultaron malheridos. También cabe preguntarse si estos catamaranes turísticos están provistos de suficientes chalecos salvavidas y lanchas auxiliares que procurasen una evacuación más segura, en lugar de intentar abarloar el barco junto a una batea.

Por último otra duda que siembra Pladesemapesga es si se cumplen los cupos de pasajeros en este tipo de viajes de recreo ya que constan varios expedientes sancionadores de la Xunta de Galicia por excesos. Téngase en cuenta que se estima que cada año 400.000 personas se suben a alguno de los catorce catamaranes que operan desde O Grove constituyendo un formidable negocio que vive por y para el turismo.

Incumplimientos

El suceso del catamarán agrava un verano ya complicado para O Grove que está resultando junto con O Morrazo, los más perjudicados por las caravanas de vehículos, especialmente graves en fines de semana y festivos. En el caso de A Lanzada, las quejas lideradas por el alcalde meco José Cacabelos, quien apeló a la directa responsabilidad del presidente de la Xunta por incumplir el compromiso de desdoblar el tramo pendiente de la Vía Rápida del Salnés, no han obtenido respuesta de Núñez Feijoo. Han sido otros como la conselleira de Infraestructuras o hasta el alcalde de Sanxenxo los que intentan justificar el inexplicable archivo de un proyecto que lleva diez años arrinconado en un cajón.

Si la Xunta alienta al sector turístico para que se esfuerce por la excelencia para alejarnos del peligro de convertirnos en un destino masificado, la obligación ha de ser recíproca. También deberá reflejarse en una red viaria capaz. Si la Autovía del Salnés afora 30.000 vehículos diarios que en su mayoría tienen por destino A Lanzada y las playas de la península grovense, no se puede prolongar por más tiempo el embudo que se produce en A Revolta. La colocación del semáforo para mejorar la seguridad de los miles de peatones que circulan hacia el arenal, solo hizo que empeorara la situación del tráfico rodado hasta el punto de que haya que apagarlo en horas punta para que sea una pareja de la Guardia Civil la que intente aliviar los formidables tapones que se montan.

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