Las intervenciones que se llevan a cabo desde los Servicios Sociales suelen tener buenos resultados, de manera que personas que se encuentran en algún momento de su vida con algún tipo de dificultad social logran remontar y, con mucho esfuerzo, son capaces de salir adelante. No obstante, como en cualquier otro contexto de ayuda, hay casos donde la situación de dificultad se estanca y se llega a la cronicidad. Este es el talón de Aquiles para los profesionales del ámbito social, que vemos con cierta desesperación que, en algunas ocasiones, se atiende a varias generaciones de una misma familia en dificultad social, o se acompaña a una persona durante varios años, siendo incapaces de ayudarla a salir de ese círculo.
Muchos profesionales del ámbito social sabemos que el cambio no solo es posible, sino que es inevitable, y que situaciones que ahora mismo parecen irrecuperables pueden convertirse a medio plazo en recuperaciones. Sabemos que para ello es imprescindible el esfuerzo de la persona o de la familia, pero también somos muy conscientes que sin apoyo social y sin recursos de ayuda, la tarea es complicada. Del mismo modo que la cobertura sanitaria nos parece un derecho básico de una sociedad avanzada, la cobertura social debería estar asegurada para todos los individuos. Como sociedad debemos ser conscientes de la necesidad de ofrecer apoyo incondicional a estas personas para poder salir de la pobreza.