La camelia, la flor que además de bella es una mina

Tras años de investigaciones, en Galicia se producen con la camelia aceite que resulta mejor que el de oliva, cosméticos, té y hasta nubes de gominola, vermú o galletas


pontevedra / la voz

A la camelia quizás le pasó durante mucho tiempo lo mismo que a Cenicienta o a Blancanieves. Nos hablaron de ellas tantas veces por su descomunal belleza que se olvidaron de contarnos sus otras cualidades. Quizás esas damas de los cuentos también fuesen enormemente inteligentes. Quién sabe. Lo que está claro es que la camelia, más allá de la flor más bella del mundo, es una mina. Lo sabe bien la científica Carmen Salinero, impulsora de un proyecto de investigación que lleva años abanderando la Diputación de Pontevedra -el puerto base está en la estación fitopatológica de Areeiro -cuya conclusión está clara: la camelia tiene un potencial económico infinito, desde para hacer aceite de igual o mejor calidad que el de oliva, hasta como reclamo turístico pasando por la elaboración de cosméticos y alimentos.

Salinero, que es la presidenta de la Sociedad Española de la Camelia, lleva el cargo metido en vena. De ahí que a sus sesenta años cuente con pasión de quinceañera lo que se hace en Areeiro con la especie, desde las investigaciones en laboratorio para, por ejemplo, paliar con medios naturales la Ciborinia -una enfermedad que marchita las flores- hasta todos los proyectos para sacarle rendimiento a la especie. «Empecemos por el aceite», dice ella, sentada en un despacho donde la camelia está en cuadros, cortinas y hasta en su solapa en forma de pin. Cuenta Salinero que el año 2010, casi como un experimento exótico, trajeron una máquina de Japón y se pusieron a prensar semilla para sacar aceite. Las sospechas de los científicos se cumplieron: el líquido era de una calidad extraordinaria. Siete años después en Areeiro se prensan mil kilos de semillas al año. El aprovechamiento es de alrededor del 20 %, así que son unos 200 litros de aceite anuales. Toda esa materia prima la aportan particulares de toda España -el de Areeiro es el único centro de toda Europa donde se hace aceite de camelia-, a los que se les da el aceite a cambio de que dejen un 20 % de su semilla para investigación y divulgación.

¿Qué se hace con el aceite de camelia? En España no está aprobada su venta para el consumo humano. Pero eso no significa que no pueda usarse. Grandes cocineros gallegos ya lo utilizan con éxito en sus platos. Y lo mismo ocurre con la pontevedresa escuela de hostelería Carlos Oroza, donde no solo se usa como condimento sino que tiraron del hilo culinario y con camelia hacen ya nubes de gominola, vermú, galletas y las más variopintas recetas. Por si con esto fuese poco, hay empresas, como Acemelia, una firma a medio camino entre Vigo y Pontevedra, que, apoyándose en esa labor investigadora de Areeiro, ha encontrado filón empresarial a la camelia y, por ejemplo, venden crema antiedad hecha con el aceite. Además, no falta quien lo use puro sobre la piel, porque su capacidad como hidratante y cicatrizante es enorme.

Unidades didácticas y jardines

Salinero narra todos estos tesoros topados en la camelia y se le ilumina el rostro. Su cara se vuelve más risueña aún cuando la interrumpen para que entregue unas botellas de aceite a un particular que viene a recoger el fruto de sus semillas: «¿Ves? Cada vez más productores nos traen la semilla. La campaña empezó en septiembre y ya hemos procesado unos 400 kilos. Yo sé que esto un día saltará a la industria», dice la científica.

Luego, no le llegan los minutos para contar todo lo que hacen. Porque Salinero cuenta y va llamando al personal del centro para que traigan productos y los muestren. Así que sobre la mesa van posándose el té que también elaboran con camelia. También los folletos de exposiciones con camelios de 200 años como gran reclamo turístico. O lo último de lo último: unas completísimas unidades didácticas para que los escolares trabajen sobre la especie que se harán llegar a los colegios. Acaba a lo grande, citando a Cunqueiro: «Decía que las camelias eran como luces en el invierno gallego. Vaya si son luces, nos iluminan». Y punto.

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