Negar el problema, no soluciona

Conselleiro de Sanidade y Chop se encastillan mientras la gripe colapsa las urgencias hospitalarias y evidencia la carencia de un plan programado de respuesta


Desde hace más de dos semanas, la gripe está desbocada entre los pacientes del área sanitaria norte de la provincia sin que se aprecie una mayor preocupación de los directivos del Chop ni en la cúpula de la Consellería de Sanidade, que intentan dar un capotazo con la excusa de que «es lo habitual en estas fechas» o con argumentos peregrinos como que «las urgencias no son previsibles». Mal vamos: no admitir la existencia de un problema es el peor punto de partida para darle solución.

La situación no es exclusiva de Pontevedra pues las cifras de incidencia que la Consellería de Sanidade reconoce motivan que se hable de una epidemia en toda regla. Siete gallegos fallecidos por gripe -según el recuento oficial hasta el jueves pasado- y unas cifras impresionantes de afluencia a los hospitales, así lo acreditan. Por ejemplo 6.300 personas atendidas un solo día, concretamente el martes 10, en la red de centros del Sergas, dimensionan la gravedad del brote.

Pero resulta evidente que la deficiente estructura hospitalaria que padecemos desde hace décadas en Pontevedra por la suma de errores políticos y de proyectos fallidos, nos condena a padecer mayor opresión en los servicios de urgencias del Chop en contraste con otras áreas sanitarias. No es de extrañar que Jesús Vázquez Almuíña, conselleiro de Sanidade, hablase del asunto aprovechando una comparecencia que protagonizó el viernes en esta ciudad. Por lo demás, sin sorpresas ya que parapetó la gestión del gerente, José Manuel Gónzalez, y demás equipo directivo del Chop frente a las críticas del personal que arrecian desde hace días.

Sí cabe una cierta previsión

Pese al discurso oficial que insiste en lo imprevisible de esta epidemia, las estadísticas comparadas acreditan que la llegada de la gripe con semejante intensidad suele producirse en torno al mes de enero. La experiencia de estos años debería bastar para tener preparada una respuesta más adecuada. No hay excusa para exonerar a los responsables.

La presión irrespirable de estas situaciones recae sobre los profesionales sanitarios que deben realizar el triaje y tratamiento de los pacientes en función de cuadros y grupos de riesgo.

Médicos, enfermeras, auxiliares y celadores tienen que soportar estoicamente numerosos episodios de malestar y cabreos que se producen entre pacientes y acompañantes, soliviantados por las interminables esperas.

Mientras la infantería sanitaria se brega en las barricadas de Urgencias con semejante problema, los directivos del Complejo Hospitalario de Pontevedra -del mismo modo que ocurre con otros centros de referencia de Galicia- comienzan por negar la evidencia y después de que resultan rebasados por los hechos, trastean con «planes de contingencia» para responder a la demanda. Y uno se pregunta: ¿no se podía haber previsto con antelación suficiente un refuerzo del personal sanitario en Urgencias? ¿cómo no se decidió antes cancelar cirugías programadas para liberar camas de hospitalización que se requieren durante estas semanas?

Aunque el mayor porcentaje del problema con la gripe es imputable al sistema de salud y a sus gestores, es de justicia reconocer que también existe una cierta cuota de responsabilidad por parte de los pacientes por un mal uso. Estamos viciados de que ante el menor síntoma, debemos acudir en desbandada a las urgencias, preferentemente a los hospitales, donde no sería necesaria dedicar tal atención salvo en un 10 % que son los casos graves que así lo requieren. Ambulatorios y centros de salud deberían atajar esa catarata de pacientes con síntomas leves y menos graves que sólo precisan reposo, paracetamol y beber mucha agua, dejando la alternativa de la hospitalización para los casos más graves.

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