Pontevedra para niños, en cuatro ideas de Tonucci

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

El genial pensador dice que en esta ciudad «vale la pena tener hijos» y da pautas para que esta frase sea una realidad

23 sep 2016 . Actualizado a las 17:57 h.

Con Francesco Tonucci y Pontevedra empieza a pasar algo así como lo del huevo y la gallina. Hablando con él, uno ya no sabe qué fue primero, si su ideario o el modelo de ciudad pontevedrés. En teoría, fueron los gobernantes de Pontevedra quienes se inspiraron en lo que dice este pensador y psicopedagogo italiano para apostar por una ciudad que cada vez vive más la calle. Pero él, una de estas personas que vale tanto por lo que dice como por lo que escucha, parece que también se nutre de conocimientos y sentimientos cada vez que, como estos días, visita la capital del Lérez. «Esta ciudad es una suerte», empieza diciendo. Luego, hablamos de sus defendidos: los niños. Antes de pedirle que explique qué le ofrece el modelo de ciudad a los pequeños, pronuncia otra de esas frases que dan para pensar: «Tener hijos aquí vale la pena, aprovechémoslo».

CALLE, CALLE Y CALLE

¿Parques, para qué?. Tonucci no es, desde luego, un admirador de los parques infantiles. Todo al contrario, cree que poner a un niño en un columpio es casi insultar su inteligencia. «Es como decirle que no sabe jugar, y que ya lo sentamos nosotros ahí para que se divierta», dice. ¿Por qué apuesta? Claramente, por jugar en la calle. Desde la Casa da Luz, mira hacia la plaza de la Verdura y señala: «Tenemos calles seguras, sin coches, plazas... Que jueguen. Olvidémonos de actividades extraescolares, de cursos y más cursos, no les molestemos con deberes... Y que jueguen aquí... Mira estas plazas, se están ofreciendo a los niños». ¿Cómo se gestiona el miedo de los padres? Tonucci no anda con medias tintas: «¿Miedo? Es al revés. Tenemos que garantizar a nuestros hijos que les pase algo, que les pasen cosas... Los niños necesitan tener cosas que contar. Y si van a la escuela y por la tarde hacen cursos no tienen cosas que contar... Tienen que pasarles cosas. Tienen que poder jugar, y jugar sin que haya un adulto delante». Luego, cuenta también que no todo tiene que ser de la noche a la mañana y que, antes de ser autosuficientes a pie de calle, se les puede ir dando autonomía en casa. Un ejemplo. «Se puede dejarles abrir la puerta de casa y que jueguen en el pasillo. Seguro que en alguno de los pisos de al lado hay algún niño con el que jugar. Luego pueden subir y bajar las escaleras y juntarse con los críos de otras plantas... Y luego ir a la calle. Pontevedra ahora nos lo pone fácil».