Con el final del verano, algunas personas tenemos cierta necesidad de comenzar con las rutinas propias de la estación del otoño. Resulta sorprendente querer que se acabe el tiempo de descanso, la ausencia de horarios o las tardes de playa interminables para empezar con las jornadas de trabajo maratonianas, los horarios bastante más estrictos y un tiempo de ocio más bien escaso. Dentro de unas semanas estaremos soñando que llegue justamente lo contrario, pero ahora es como si necesitáramos aferrarnos a nuestra temida rutina para poder seguir adelante.
Sin embargo, los más pequeños de la casa viven ajenos a estas disquisiciones, y son capaces de pasar de los horarios más anárquicos a los madrugones más dolorosos sin apenas esbozar algún leve bostezo o mostrar una simpática cara de sueño. Son totalmente camaleónicos, se adaptan a todo en muy poco tiempo, el domingo pueden estar toda la tarde sin parar de buscar cangrejos en las rocas que hay en las charcas de las playas, y el lunes por la mañana son capaces de levantarse a las siete de la mañana para pasar seis horas sentados en su pupitre sin plantearse lo cansados que están, lo mucho que le cuesta volver a la rutina o lo difícil que será superar la reválida, si es que este curso les toca hacerla.
Estas cuestiones solamente están en la cabeza de los adultos, mientras que en las suyas está salir cuanto antes para jugar con su amigo del alma, el próximo gol que meterán en el recreo o la próxima colección de cromos que estará de moda este año y que seguramente querrán tener.
Esa es una de las muchas características maravillosas con las que cuentan los pequeños, la capacidad infinita de adaptarse a los cambios, de modo que cuando el viernes salgan por la puerta del colegio de turno, volverán a entrar en modo fin de semana para volver a jugar y disfrutar sin plantearse nada más allá de esa realidad. Al tiempo que los adultos estaremos bien atentos a cualquier levísimo síntoma de fatiga, a una señal de cansancio para poder afirmar con rotundidad lo difícil que resulta la vuelta al colegio. ¿Para quién resulta difícil, en realidad?