«Da rabia porque mucha gente se quedó en el camino»

c. b. PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

La espera de Carlos Sánchez para recibir el nuevo tratamiento contra la hepatitis C fue de quince meses. Hasta abril del 2015 su cuerpo no recibió los fármacos a pesar de que era un paciente «prioritario». Este pontevedrés, al que le habían trasplantado el hígado el 2 de enero del 2014, rememora cómo fue ese año largo. «No fue por culpa de mi médico, recibí un trasplante y según parece no reunía los criterios para acceder a ellos», explica a La Voz. Todavía recuerda cuando estando hospitalizado en Santiago el facultativo Evaristo Varo, jefe de la unidad de trasplante abdominal del CHUS, decía «hay que darle cuanto antes el tratamiento a Carlos». En el caso de Carlos, al que habían diagnosticado la hepatitis en el 2012, la duración del tratamiento fue de tres meses con dos fármacos: Harvoni (sofosbuvir y ledipasvir) y Copegus (ribavirina). Una vez concluido, se somete a controles para saber si su organismo está libre del virus. «Me hicieron uno antes de empezar y otro al acabar el tratamiento, y después uno a las doce semanas. De momento, va bien porque sale indetectable, pero no sé cuántos controles se van a seguir haciendo», comenta.

Este funcionario se considera un afortunado. Primero por haber recibido un órgano que le ha permitido seguir viviendo, y después por haber tenido acceso a un tratamiento que tiene una tasa de curación del 90 %. «Me encuentro muy bien, pero imagínate cómo fue ese año de espera, te dicen que lo necesitas porque el virus está afectando al órgano nuevo, pero no te lo dan y tu médico no lo puede pedir», señala. Carlos se emociona al recordar a un amigo y compañero de habitación al que trasplantaron unos días después y que falleció en el 2014. «Da rabia porque mucha gente se quedó en el camino. Por ellos hay que depurar responsabilidades, por su memoria y por sus familiares», remacha.