Rosa superó un cáncer de pecho hace cinco años, Mercedes se dio su última sesión de radioterapia en diciembre. El tiempo es un grado
20 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Rosa mira directamente a los ojos a Mercedes. La idea era juntar a una mujer que hubiera superado un cáncer de pecho hace tiempo con otra para la que todo el proceso fuera aún reciente. No hizo falta decir nada más. Se sentaron y comenzaron a hablar entre ellas, como si no hubiera nada más en la sala que franqueza y claridad. «Ya sabes lo primero que te dije cuando me enteré de lo tuyo: hay que pensar en positivo», recuerda Rosa Cordero. Con 71 años ha pasado diez veces por quirófano - «he tenido de todo», dice a modo de explicación-, la última para quitarse parte del pecho, hace cinco años, el día que cumplía 66. Mercedes Vidal, al otro de la mesa, asiente. La operación en la que le quitaron el tumor, en marzo del año pasado, era la tercera del pecho. Las otras dos, para extraer dos bultos benignos, 17 años antes.
Ambas colaboraban con la Asociación Española Contra el Cáncer (Aecc) antes de que les diagnosticaran uno, y se conocían de allí, pero recuerdan la primera vez que entraron en el local como enfermas como uno de los momentos más duros. Mercedes dejó de utilizar la palabra cáncer tan pronto supo que tenía uno. Hasta entonces, iba regularmente a Oncología para hablar con las pacientes y prestarles apoyo y compañía. Ahora vuelve a emplear el término sin problema. Igual que antes.
Otro de los minutos clave en el proceso fue en el que recibieron el reflejo del espejo de su cabeza calva. Se cortaron el pelo tan pronto supieron que iban a recibir quimioterapia, pero las dos son coquetas, y para todas es un golpe difícil de llevar. Aunque sabían que les volvería a crecer. «Llegué a casa con mi peluca recién encargada y puesta. Era mi pelo, con mi color, mis mechas, mi corte, todo. Me miré en el espejo y respiré fuerte por no gritar», recuerda Rosa.
Hablan sin tapujos de su experiencia. Pero Rosa tiene una ventaja importante, definitiva, frente a su compañera de vivencias: «Lo veo casi tan lejano, tan lejos, como si me hubiera pasado hace mucho tiempo». A Mercedes aún le falta tiempo, para eso y para volverse más dura. Rosa asegura que antes de la enfermedad era muy llorona -«lloraba con toda las películas de la tele»-, pero ahora es muy difícil pillarle por sorpresa una lágrima. En parte, por los desengaños que se llevaron con mucha gente. Amigos que se convierten en extraños y conocidos que se vuelven personas importantes pueblan sus recuerdos. A Mercedes aún le duelen. «Aún no llegaste al momento. Deja pasar un poco el tiempo, ya verás cómo te endureces un poco más», le augura Rosa. Las dos tuvieron mucha suerte con sus familias en casa. Mercedes asegura que hay gente que lo pasa sola. En su caso, iban tres -ella, su marido y su hija, que se vino de Méjico para cuidarla- a cada sesión de radioterapia. Como si fueran un equipo.