Amor sobre todos los obstáculos

carmen garcía de burgos PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

Ni Sergio y Mayka, que llevan 9 años saliendo, ni Héctor y María Jesús, que llevan 12 juntos y 8 casados, lo tuvieron fácil por su discapacidad

11 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

A Sergio González lo que más le gusta de su novia, Mayka Castiñeiras, es que «necesitaba a alguien que tuviera la responsabilidad que yo no tengo». A ella, cómo escribe él. Lleva tres libros de poesía publicados, y el último se lo dedicó a ella. Fue uno de sus últimos detalles románticos. Pero en los nueve años que llevan de noviazgo ha habido muchos más: le ha regalado anillos y han ido de viaje juntos, entre otras cosas. Su primer beso fue en las galerías de la Oliva, en noviembre. A los padres de Mayka al principio no les hacía mucha gracia que saliera con Sergio. Como casi todos los padres de mujeres del mundo, tenían miedo de que le pudieran hacer daño. Ahora ya saben que va a ser complicado que eso suceda. «El sempre andivo detrás de Mayka», apunta David Villaverde, director de Amencer, que ha visto evolucionar su relación durante los últimos dieciséis años, los que llevan ambos en la asociación.

Su historia de amor es como la de otros millones de parejas en todo el mundo. A pesar de su parálisis cerebral. Aunque todavía hay quien no lo entienda. Ambos han tenido que enfrentarse a alguna situación complicada ante la falta de comprensión, no solo de gente desconocida -les llegaron a parar por la calle para, tras enterarse de que estaban juntos, decirles: «¿Y cómo pueden ser pareja dos inútiles como vosotros? Lo lógico sería que uno, por lo menos, fuera normal»-, sino también en su entorno.

De ello también pueden dar fe Héctor Heinzen y María Jesús Monterde. La barrera que les tocó superar a ellos -que se conocieron cuando ella era intérprete y coordinadora del lenguaje de signos en la asociación Río Lérez- tampoco fue solo física, a pesar de la sordera de él y la de los padres de ella. Fueron precisamente estos últimos quienes más desaprobaron inicialmente la relación. «Decían que yo tenía más capacidades intelectuales y que él me iba a complicar la vida», confiesa la joven. Su madre, detrás de ella, asiente. Explica que el problema no fue tanto la discapacidad auditiva de Héctor como que venía de Uruguay y no manejaban el mismo idioma. No terminaba de fiarse de él y, por si fuera poco, se dejó influir por el exnovio de María Jesús, con quien mantenía muy buena relación. «Me arrepiento mucho», dice a través de la intérprete de lengua de signos asignada por Hefesto. Ahora llevan doce años como pareja, ocho casados y tienen una hija, Desiré, de 6, que habla perfectamente ambos idiomas: el oral y el de signos. Porque, para María Jesús, se trata simplemente de eso: de hablar lenguas diferentes.

Sin diferencias

Es este uno de los objetivos del programa municipal que aúna a todas las asociaciones de discapacitados del municipio: desmitificar los prejuicios sobre el colectivo y romper tabúes.

«Eu non faría diferenciacións entre parellas con discapacidade ou non», señala Villaverde, quien pone como ejemplo las reticencias iniciales de muchos padres acerca de las parejas de sus hijos: «Se o levas ao mundo normal, eu agora teño fillos e pasa o mesmo». Sí admite que hay algunas diferencias, derivadas sobre todo de la situación de dependencia de sus miembros. «Son procesos moito máis longos, e moites veces temos que interceder ante os pais e facer de interlocutores», reconoce. Se ha dado algún caso en el que las propias familias se han negado a hablar de una posible relación de su hijo con otra persona del centro, y lo han convertido en un tema tabú.

Pero ellos, que son plenamente conscientes de lo que sienten, advierten de que, si lo tienen claro, los obstáculos que pretenden interponer entre ellos no son suficientes para hacerles desistir. «Si no nos apoyan, vamos a vivir la vida más independiente», advierte María Jesús. Héctor la apoya con los gestos, con la mirada y con su vida. «Te hacen más fuerte, te hacen más equipo», añade Mayka.