El proyecto Promoción del Éxito Escolar de Cruz Roja ofreció apoyo a 140 menores de la ciudad en el 2014
31 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Dos horas al día son suficientes, cuando menos para introducir en los pequeños el hábito del estudio. También para ofrecerles el apoyo que no todos los padres pueden dar a sus hijos a la hora de hacer los deberes. Estas son dos de las premisas del programa de
Promoción del Éxito Escolar
de Cruz Roja. Son 140 niños (67 chicas y 43 chicos) de entre 6 y 13 años los que se beneficiaron en el 2014 de esta iniciativa, que pretende minimizar el impacto que la crisis económica puede llegar a ocasionar «en el desarrollo de la crianza y en la educación».
La campaña se reparte en cuatro horas semanales distribuidas en dos días. La primera hora de ambas jornadas se dedica al apoyo escolar puramente dicho. La idea es que cada uno de los cuarenta voluntarios tenga a su cargo cuatro o cinco niños como mucho, «porque con más ya no se puede dar una atención tan personalizada», explica Diana Freire, la coordinadora del proyecto. Llegan con sus libros de clase y a cada uno se le refuerza en lo que necesita. Por eso, explica Freire, resulta difícil hacer una valoración estadística del programa.
Algunos andan más flojos de comprensión de lectura, otros de matemáticas... y cada uno de ellos recibe ayuda individualizada. Sin embargo, advierte la responsable de Cruz Roja Xuventude de que no hay que confundirse. «Cuando vienen los padres ya les avisamos: no somos una academia», asegura. Aún así, el perfil del voluntario es amplio: únicamente tienen que estar en la franja de edad de entre 18 y 35 años y tener la ESO y muchas ganas de ayudar. Es todo. En algunas ocasiones, también se adhieren colaboradores más mayores.
«Siempre necesitamos más -cuenta la coordinadora de la iniciativa-, porque muchos de ellos son universitarios, y cuando llega la época de exámenes tienen que faltar, y nosotros que pedir ayuda a otros voluntarios para que hagan algo de refuerzo».
Como parte de la ayuda, Cruz Roja entregó 189 lotes de material escolar para facilitar la asistencia y la realización de las tareas.
Dentro del programa, la organización benéfica repartió también 2.796 meriendas «que completaron la dieta alimentaria, a la vez que promovieron la adquisición de hábitos saludables». Y que, de paso, supusieron un reto para los propios voluntarios. «Como tenemos muchos niños musulmanes hay que prescindir del embutido en muchos casos, y eso nos obligaba a echarle imaginación, porque tampoco podemos hacer siempre lo mismo», apunta Diana Freire.
De ahí surgió la idea de hacerles bocadillos de paté de atún, de tortilla francesa, e incluso vegetales. «¡Y les gustan!», afirma, entre divertida y sorprendida, Freire. Por el momento no hay lista de espera. Ni siquiera en el turno más demandado, el de los lunes y miércoles.