Rajoy también escapa en verano

El presidente repite vacaciones en Ribadumia donde tiene garantizado mayor aislamiento, salvo algunas fotos con motivo de sus caminatas por el entorno


Mariano Rajoy es como el anuncio del turrón, pero con matices. No solo vuelve a casa por Navidad, sino también en verano. Pero desde que es presidente del Gobierno no se parecen en nada sus vacaciones de antaño a las que ahora se toma por estos lares.

El presidente de los recortes también ha tirado de tijeras para redimensionar el solaz propio y de Elvira y los chavales. No precisamente por cuestiones de ahorro de gasto público (que las vacaciones presidenciales también cuestan), sino por su forma de ser y de reaccionar ante los problemas y el malestar ciudadano.

Desde que su Gobierno produjo la andanada más brutal que se recuerde contra el Estado de Bienestar y los derechos sociales y laborales, Rajoy decidió estar escapado.

Si se puede pasar meses rehuyendo preguntas de los periodistas, no se va a poner a tiro de manifestantes o informadores incómodos en sus días de más asueto. Por mucho que se nos vendan la mejora de los datos macroeconómicos y el aumento de los contratos (temporales), el presidente y su entorno tienen pánico a la cercanía.

A este Rajoy huidizo, le ha venido muy bien mantener la tradición de sus antecesores en Moncloa de pasar una parte de su descanso en Las Marismillas, Coto de Doñana, en plena Reserva Nacional. Después, Rías Baixas. Desde el viernes, después de despachar con el nuevo rey en Marivent.

Pero ha cambiado el piso de Silgar, el bullicio de Sanxenxo, las caminatas por el paseo hasta el Puerto y el café en Marycielo por el retiro de Ribadumia.

Repite en un establecimiento de turismo rural, A Casa de Alicia, que se bloquea para él y su familia, con tres habitaciones dobles, 3.200 metros de jardines y una piscina con vistas a la ría de Arousa. 270 euros diarios más suplementos que se recarguen por las condiciones de uso especiales que requiere el caso.

El asentamiento resulta infranqueable según el criterio de sus escoltas, y al mismo tiempo permite mantener al presidente aislado de situaciones incómodas. Si sale a dar una vuelta, hay mucha menos gente conocida que tropezar en los dominios de Louzán. Para tomar algo, parece que se ha encaprichado de xoubas, xurelos y ensaladas de lechuga y tomate, en Barrantes, el Tío Benito está muy a mano y con calidad. Y la red de comunicaciones con la autovía de O Salnés y la AP-9, garantiza una fluida salida hacia algún posible aunque contado compromiso.

Si tiene ganas de pasear, se acompaña de fieles, ya sean amigos o prosélitos con los que hacer tramos de la Ruta da Pedra e da Auga y caminar por el entorno del Monasterio de A Armenteira. De hecho es una de las pocas fotos que ha vuelto a dar.

Como el posado en bikini de cada verano de la Obregón en la playa, aguardábamos la imagen de Rajoy en bermudas. Como en el 2013, otra vez fue junto a José Benito Suárez Costa, presidente del Puerto de Marín y marido de la ministra de Fomento. Ambos con paso largo, más de marcha militar que de relajada conversación entre amigos, uniformados con pantalones azules y polos claros, justo a la inversa de hace un año.

Será cuestión de estilismo

Atrás, pero muy atrás, han quedado los tiempos en los que un Rajoy menos evasivo, ya fuera diputado y hasta ministro, venía a Pontevedra, paseaba por la ciudad, se dejaba ver en los toros en un gesto no exento de cierto exhibicionismo frente al alcalde antitaurino de su ciudad.

Asimismo le gustaba ir al baile de la Peregrina en el parque de verano del Liceo Casino e incluso estuvo varias veces en la procesión del domingo. Todo eso han pasado a ser estampas de recuerdo.

Los contados paseos que últimamente el presidente Rajoy se haya dado por Pontevedra han sido exprés. Desde la sede provincial del PP hasta la terraza del Blanco y Negro; o por un tramo de la calle Oliva, rodeado y pertrechado por los suyos para disiparle malos tragos. Y por supuesto, siempre con una profusa escolta policial presta a abortar cualquier situación incómoda. Hay que mantener al presidente en la burbuja.

¡Menudo contacto con la realidad social de la calle mantiene quien otrora paseaba y se paraba a hablar con muchísima gente en el trecho que iba desde el piso familiar en Rosalía de Castro hasta la cafetería del Hotel Rías Bajas!

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