El heroísmo no es cuestión de pedigrí

Susana Luaña Louzao
susana luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

PONTEVEDRA

MARTINA MISER

Perros que fueron abandonados por sus amos salvaron después vidas humanas

21 jul 2014 . Actualizado a las 09:56 h.

Lúa se hizo famosa la semana pasada. Nunca imaginaría la pobre podenca -que un día fue abandonada y que tuvo la suerte de ser acogida después por Manuel, un vecino de Corbillón que con sus mimos le hizo olvidar su triste pasado-, que cuando el 11 de julio encontró a una anciana tirada en el monte, cerca de su casa, le estaba salvando la vida. Pero así fue. Angelita Borragueiros, de 87 años, llevaba cuatro días desaparecida y ya casi se había perdido toda esperanza de que sobreviviese a las frías noches. Lúa logró lo que no consiguieron días antes los perros de rastreo entrenados por la Guardia Civil.

No es el único caso. Los refugios de animales, que acogen a tantos perros que buscan una segunda oportunidad tras el cruel abandono, dan muchas veces lecciones difíciles de olvidar. Lejos de guardar rencor hacia los humanos que los maltratan, ellos los cuidan, acompañan, miman, rescatan, sanan y hasta les salvan la vida.

Como Lúa, Rocky también fue un día abandonado y acabó medio muerto en el refugio de animales de Cambados. Por aquel entonces, la presidenta de la protectora, Olga Costa, había sufrido una grave enfermedad y había caído en una depresión. Lo mismo que ella cuidó a Rocky y lo ayudó a salir adelante, el perro la acompañó en esos duros momentos hasta que superó la enfermedad. «Vi que el perro valía, porque no fue solo conmigo, vi que hacía un trabajo tan bueno con los ancianos del geriátrico que me animé a hacer un curso de terapia con animales en Madrid». Su amigo ya falleció, pero Olga le tiene reservado un espacio en el corazón y lo recuerda con lágrimas en los ojos.

Desde entonces, la Protectora de Animales de Cambados tiene varios perros con los que hace terapia. Niños con síndrome autista y con otras dolencias se pasan por el refugio y acarician, juegan y comparten vivencias con los animales, algo que se demostró fundamental en su desarrollo. Y con Bella, Dama, Ani y otras mascotas que tienen una sensibilidad especial se acercan a los geriátricos de la provincia para pasar un rato con los ancianos y arrancarles una sonrisa, una caricia y hasta un brillo en la cara que solo consiguen sus amigos perrunos, unos animales hechos de otra casta que han demostrado que el auténtico pedigrí está en las entrañas. Lo mismo que los caballos, porque la entidad cuenta ahora con una pareja de equinos que colaboran también en unas tareas que, curiosamente, se suelen llamar humanitarias.

Un ladrido salvador

Una de esas perras sanadoras, Mimí, fue acogida más tarde por Dora, una mujer diabética a la que su mascota avisaba todas las mañanas cuando era la hora de suministrarse la insulina. Un día, literalmente le salvó la vida; la perra no ladraba nunca, pero cuando a Dora le dio un ictus lo hizo; fue así cómo avisó de lo que ocurría al resto de la familia.

Sorprende a veces la capacidad de superación de esos amigos peludos de cuatro patas. Cuando el año pasado fue detenida la pareja conocida como Bonnie and Clyde, que había puesto en jaque a la Guardia Civil, el refugio de Cambados acogió al perro que iba con ellos. Draco es, supuestamente, de raza peligrosa. Pero como dice Olga, «no hay perros de raza peligrosa, hay perros que están educados o no». Y Draco, que así lo bautizaron, lo estaba. Realmente sus dueños ya lo cuidaban, y el cariño que después encontró en el refugio demostró que se trataba de un animal muy noble que forma parte del grupo de elegidos para las terapias.

Esta semana, Draco paseaba con un grupo de niños con síndrome autista. No iba solo; le acompañaba Tinta; una perra recogida hace meses que no movía las patas de atrás y que ahora corre gracias a un carrito adaptado a sus necesidades. Porque entre las historias perrunas también las hay de superación animal.