Contra el calor, las olas del río

El Surfing the Lérez se consolida como el festival familiar de las Rías Baixas, restando protagonismo a su rival, el Romería Pop de Santiago


pontevedra / la voz

Un treinteañero muy alto y moreno empuja un cochecito de niño hacia la salida de la Illa das Esculturas. Unos pasos más atrás, la madre, también treintañera, lleva al pequeño en brazos intentando que deje de llorar. Y es que no todos soportan el ritmo del Surfing the Lérez.

A pocos metros, un grupo de niños pelean con sus hinchables de cocodrilo, la mascota oficial de río desde ya mismo en Pontevedra. En la zona más lejana al escenario, familias jóvenes comparten sombra y aperitivos con los niños y con aquellos que no los tienen. Casi como música ambiente se escucha a Novedades Carminha, el grupo que abre el festival familiar por excelencia de las Rías Baixas, si no ya de toda Galicia. Así como el año pasado el cartel del Romería Pop de Santiago le restó algo de afluencia, en esta ocasión el único rival que tuvo el pontevedrés fue la playa.

Camisas hawaianas y pantalones cortos vaqueros se imponían en las toallas que llenaban el césped. Ellos, apostando por la barba y el pelo corto a los lados y engominado arriba, y ellas con un look pin-up salpicado de tatuajes. Son los mismos que durante lustros han dado ritmo a la vida musical de la ciudad, y siguen haciéndolo.

Más cerca de los escenarios, los más musiqueros combaten un calor, nada bendecido por la sombra de los árboles, con saltos y verdadero interés por los grupos. La sorpresa del día llegó de manos de los jovencísimos Furious Monkey House, una banda formada por niños de 9 y 10 años que, además, sonaron bien.

Antes de que el medio millar de asistentes pudiera darse cuenta, había llegado la hora de comer, y con ella las inevitables colas, primero para comprar «moneda súper local» (exclusivamente del festival), luego para recoger la comida y, por último, para calmar la sed apremiante.

El rock de Guerrera evitó la peligrosa modorra de sobremesa, minimizando el número de bajas para el resto de la tarde y reconciliando a los presentes con el buen sonido guitarrero.

Pero el plato fuerte, las olas de verdad, llegaron al caer la tarde. A medida que las playas iban colmando las necesidades primarias de los pontevedreses, la Illa das Esculturas recuperaba su esplendor. Los surferos del Lérez se desplazaban de un lado a otro del puente de madera para dejarse conquistar, ahora sí, por Camarada Nimoy, Los Coronas o Sex Museum, todos repetidores en el festival. Los niños dieron, por esta vez, el relevo a los mayores.

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