La crisis y las dificultades para viajar al extranjero y aprender idiomas desploma el número de alumnos que cursan algún año en el extranjero
09 jun 2014 . Actualizado a las 10:59 h.Se pueden contar con los dedos de las manos y, aún así, sobran. El número de pontevedreses que se marcha a estudiar al extranjero es cada año menor, y en los seis institutos de la ciudad solo dos alumnas cogerán las maletas este verano para empezar sus estudios el próximo septiembre en otro país. Las dos van a comenzar la universidad: una se va a Inglaterra para iniciar Medicina, mientras María Tellería se decantará por Francia para licenciarse en Filología Hispánica. Hay más casos de jóvenes alumnos que encararán su aprendizaje en el extranjero, gracias en gran medida a las becas que ofrecen la Fundación Barrié de la Maza y Amancio Ortega para asistir a un instituto de Estados Unidos, incluidas en el programa high school.
Pero el grueso real de los estudiantes que se mudan temporalmente a otros países para incrementar sus aptitudes y experiencias -vitales y laborales- son aquellos que están matriculados en centros de formación profesional y optan a una beca para realizar prácticas en el extranjero.
Directamente gestionadas por la Consellería de Educación a través de las becas Leonardo -para los ciclos de grado medio- se encuentran las siete plazas que ofrece el Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP) Carlos Oroza, además de otras seis en A Xunqueira I y en otros centros.
El resto suele ser fruto del trabajo que realizan directamente desde los propios institutos los coordinadores del área. Dos jóvenes del CIFP de Montecelo acaban de terminar sus estudios de ciclo superior en Producción de Artes Gráficas en Florencia y Porto, y otros dos del de A Xunqueira, el ciclo medio en Carrocería en Italia. En realidad, este último centro contaba con un total de nueve becas, pero solo dos alumnos aprobaron el curso completo. El resto de las becas concedidas por la Xunta fueron devueltas. Las que gestiona el propio instituto se pierden.
José Luis Entenza es uno de los tutores del CIFP A Xunqueira más veteranos en estas lides. Lleva años acompañando y encargándose de los estudiantes que marchan al extranjero a hacer prácticas. Lo más difícil es conseguir socios, es decir, empresas que acojan a los alumnos y les busquen alojamiento. Tras mucha experiencia, ha conseguido crear una base de negocios en cada uno de los países a los que sabe que puede mandar con confianza a los alumnos.
Pero el problema de que haya tan pocos pontevedreses rondando la mayoría de edad formándose fuera no es ni de la oferta ni del coste. Las becas Leonardo, las mejor dotadas, cubren todos los gastos de los beneficiarios. Su cuantía depende del país de destino, y oscilan entre los 500 -para Polonia, por ejemplo- y los 1.100 euros de Alemania.
Las razones son bien distintas y menos justificables, aunque varían según responda un profesor o un alumno. Los compañeros achacan el escaso número de estudiantes fuera de nuestras fronteras al miedo a lo desconocido y, fundamentalmente, a los idiomas. Uno de los institutos pontevedreses consiguió enviar el año pasado varios alumnos a un pueblo pequeño de Polonia a completar una beca de diez semanas. Siete días después de llegar querían volverse. Tuvieron que desplazarse hasta allí un par de profesores para amenazarles con que, si regresaban a España, perderían la ayuda. Lograron convencerlos, y para cuando llegó el momento de abandonar el país, les costó hacerlo.
Sin embargo, si son los tutores quienes responden, sitúan en el primer puesto de la escala a las parejas. Al menos, es un fenómeno que defienden tanto Manuel Rascado como José Luis Entenza, testigos de cómo esta circunstancia ha frenado más de una carrera hacia otros países. «Te vas a reír, pero muchas veces ellos quieren ir, y las novias no les dejan ir», explican.
María Tellería, de 17 años, se ríe al ser preguntada, y contesta: «No sé, yo creo que si las parejas les quieren tendrían que apoyarlos en lugar de prohibírselo, ¿no?».