Once años después, la urbanización está en el aire, se aparcó la nueva facultad, el hotel y ahora peligran los 60 empleos
19 may 2014 . Actualizado a las 14:35 h.A tres meses de las elecciones municipales, un Miguel Anxo Fernández Lores ávido de apuntalar las posibilidades de una primera reelección a la alcaldía de Pontevedra, anunciaba un histórico acuerdo con Tafisa: la recalificación de más de cien mil metros cuadrados de terreno, en plena burbuja inmobiliaria, a orillas del río Lérez. Las contrapartidas: el primer punto, el mantenimiento del empleo de los, entonces 74 trabajadores; el segundo, la empresa recibía una edificabilidad igual al valor valor de mercado de los terrenos e instalaciones a orillas del río; y el tercero, el Concello se quedaba con zonas verdes y de equipamientos en la futura urbanización.
Once años después, la operación ha devenido en fiasco. Están las zonas verdes. A cambio, pese a los reiterados intentos de la Universidad, con reservas presupuestarias continuadas a lo largo de los años, no logró que el Concello cediese los terrenos que iban a permitir levantar junto al río una nueva facultad. Se perdió este equipamiento, al igual que tampoco logró ver la luz el proyecto de levantar en la zona un hotel de referencia en la ciudad, por ubicación y previsión de categoría, de cuatro o cinco estrellas. Este último como mejora del convenio, anunciado entonces por el edil de Urbanismo, César Mosquera (BNG), en pleno precalentamiento de campaña. Pero la cara más dura del acuerdo se ha dejado ver esta semana, un mes más tarde de anunciar el acuerdo inicial.
El pasado viernes, la primera de las condiciones de aquel acuerdo preelectoral se esfumó: los sesenta trabajadores que le quedaban a Tafisa en la comarca se asoman al precipicio del desempleo. El sindicato UGT, a través de su secretario comarcal, José Ramón Vidal Trillo, alerta de que la media de edad de la plantilla se sitúa en la horquilla que va de los cuarenta y cinco a los cincuenta años, con lo que ello conlleva para la reinserción en el mercado laboral.
«Sospechoso desde el punto de vista ético», para el excalde Rivas Fontán, entonces concejal del PP, el acuerdo de recalificación trajo no pocos quebraderos de cabeza después al regidor, Fernández Lores, con sus socios de gobierno, el PSOE. Se tumbó el diseño que estos impusieron para que se encargara de proyectar en la zona un ejercicio de arquitectura singular. César Portela fue el elegido, con una apuesta en consonancia con el puente de Os Tirantes y el Pazo da Cultura, que se acabó echando atrás. Antes, el Colegio de Arquitectos de Galicia alertó que recalificar cien mil metros de la ciudad equivalía a un ámbito de actuación tan grande como todo el centro histórico, y que sería mejor incluirlo en un nuevo Plan General, que se empezó a tramitar en aquel 2003 y que, once años más tarde, sigue sin aprobarse.