Sostienen que detrás de regalos de cortesía no hay tráfico de influencias
23 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, anunciaba el 12 de marzo en el Parlamento un código ético para restringir el uso de los regalos con vistas a limitar un posible tráfico de influencias. ¿Y qué opinan los alcaldes de la comarca de Pontevedra de esta medida que surge tras una ola de imputaciones de cargos y con la que se pretende combatir la corrupción política?
La mayoría de los regidores consultados por La Voz consideran oportunista la medida de Feijoo, aunque otros no ven mal que se legisle para evitar «suspicacias». Ninguno se negó a participar en el reportaje, pero más de uno dejó claro su malestar porque parece que «estamos todos no mesmo saco». Dicen que los regalos que llegan a los concellos -más de vecinos que de empresas- son «de cortesía», «de cariño» o «de agradecimiento», y no suponen un problema. Mucho menos, tráfico de influencias. «Non creo que ninguén se venda por un tarro de mel dun veciño», apunta el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores (BNG), que admite que recibía más regalos como médico que como regidor. En este abanico de obsequios los políticos citan bolígrafos, agendas, libros, botellas de vino o de licor, bombones, pastas, flores, cestas de Navidad y lotería. Y más hace años que ahora. «El valor del político local está en la cercanía. Todo el mundo te conoce y sabe tus hábitos, estamos en un escaparate», comenta la alcaldesa de Marín, María Ramallo (PP).
Todos niegan que se hayan visto en la situación de tener que devolver un regalo de valor, pero si pasara, lo devolverían. «Xamais recibín un regalo especial por facer algo. Nin un reloxio, nin un traxe nin mil euros», remacha José Luis Poceiro (PSOE), que ostenta el bastón de mando en Vilaboa. «Nunca me vi en una situación embarazosa. Creo que al ser joven se atreven menos», señala Jorge Cubela, regidor de Cotobade (PP). Su homólogo de Bueu, Félix Juncal, cree que ya existe legislación suficiente y ve «un erro» actuar «pola presión cidadá». Catalina González, alcaldesa de Sanxenxo (PP), sostiene que cuesta devolver «un cariño» de un vecino que lo hace porque «piensa que viene a molestar». «Es una costumbre mal entendida, porque ya cobramos por nuestro trabajo», subraya.