La queja de un grupo de dueños de canes, que se sienten «acosados» por la Policía Local, abre un debate sobre la convivencia y la seguridad
14 mar 2014 . Actualizado a las 14:43 h.Jueves, a media mañana en el parque de Campolongo, en Pontevedra. El sol anima a pasear, con o sin perro, o a sentarse en un banco a descansar o a leer. La solicitud de una zona específica para canes en el centro de la ciudad, planteada por un colectivo que se dice sentirse «acosado» por las multas de la Policía Local, es conocida por algunas personas. Otras no tienen idea del debate que está en la calle: perros sueltos, ¿sí o no?
José, que no quiere foto ni dar su apellido, va acompañado de un yorkshire sin correa. Admite que si en ese momento se hubiera cruzado con un agente podría ser multado. «Lo sé. Lo normal es que la policía vigile, especialmente perros grandes y determinadas razas», dice. Este hombre, que sí lleva bolsas de plástico para recoger los excrementos de su mascota, se justifica: «Suelo buscar un sitio tranquilo y sin gente para soltarlo, el perro estuvo mal y el veterinario me lo recomendó».
Carmen Cruz, que vive en la residencia de Campolongo, no sabe de polémicas. A esta anciana de Cangas que lleva seis años viviendo en Pontevedra le gustan los animales. «A veces mi bastón les da miedo y lo escondo», explica. Tanto a ella como a Josefa Pumar, que trabaja en la ciudad, lo que más le molesta son las cacas de los perros, que abundan -sostienen- más en calles que en parques. «Nunca tuve ningún problema y no me importa que estén sueltos si no son peligrosos», apunta Josefa. Alicia Gil, que acaba de recoger a su bebé en la guardería, tampoco es beligerante contra los perros sin correa.
Todo lo contrario que Manuel Baqueiro. Tras interrumpir su caminata, es el único de los consultados que abiertamente aplaude las multas: «Lástima que non puxeran máis». Dice que sería el colmo que el Concello habilitara un parque para perros en el centro. Este residente en la calle Pintor Virxilio Blanco está cansado de que los canes orinen en su portal. «Os cans, sexan grandes ou pequenos, teñen que ir sempre atados. Cada un ten que facerse responsable dos seus animais. Eu non teño por que ir camiñando e aguantar que se me lancen e me ladren».
Jesús Alonso, natural de Melilla, espera a que su madre salga de misa en un banco del parque: «No tengo perro, pero me gustan». Añade que por higiene y por seguridad el que tiene perro tiene que cuidar de él. «La persona siempre tiene razón ante la molestia de un animal, y si hay niños, por precaución, mejor lejos». Es su resumen.
Laura Mahía y Zeltia Martínez definen como una «tontería» la polémica. Estas jóvenes entienden que los perros también necesitan espacio para correr sueltos y sentirse libres.