Nuevos hallazgos permiten ir avanzando en el mapa de la ciudad romana
21 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.En pleno siglo XXI todavía no está nada claro el papel que jugó en la Galicia romana lo que hoy es la ciudad de Pontevedra. Si fue la famosa Turoqua -que recientes estudios sitúan más al sur-, o si se quedó en una simple mansio, una especie de área de descanso para dar cobertura a los viajeros que transitaban por la vía romana XIX, que enlazaba Braga y Lugo y cruzaba el río Lérez en lugar todavía sin determinar. Los arqueólogos llevan años tratando de elaborar una «cartografía» de la ciudad en aquella época, algo que viene a ser como elaborar un complejo puzle que hay que ir uniendo pieza a pieza hasta poder completar la imagen.
En los últimos años, vinculados a obras de reforma urbana, se encontraron vestigios romanos en Arzobispo Malvar, Princesa o Manuel Quiroga. Nuevas piezas de ese puzle han aparecido en las últimas semanas. Cómo no, a raíz de obras en terrenos públicos. Y cómo no, en el centro histórico, concretamente en la rúa Barón, un entorno que el concejal de Patrimonio Histórico, Luis Bará (BNG), definió ayer como «unha zona quente», arqueológicamente hablando.
Colegio de Aparejadores
Concretamente, lo que ha quedado al descubierto al levantar el pavimento entre Barón y la Enfesta de San Telmo son los restos de un edificio que Javier Chao, técnico de la empresa Tomos, encargada del control arqueológico de la obra, identifica como «unha edificación da que vemos unha pequena parte da súa planta pero na que somos capaces de interpretar un espazo interior que se correspondería coa zona do Colexio de Aparelladores e parte da Enfesta, e unha parte exterior que sería a da rúa Barón». En realidad, nada con que no se contara, ya que cuando se reformó el inmueble que hoy acoge el Colegio de Aparejadores, en el 2001, ya se encontraron restos de esta edificación, que quedaron convenientemente catalogados.
Lo novedoso de estos nuevos hallazgos es la presencia de una pequeña construcción «que non ten sentido dende un punto de vista arquitectónico nin estrutural», según Chao. Se trata de una serie de ladrillos «inequivocamente romanos, e perfectamente colocados adosados a un muro. A súa execución e forma semella o fondo dun nicho».
Ahí radica precisamente lo insólito del descubrimiento. Como confirmó el arqueólogo municipal, Xoán Carlos Castro, se trata «dunha posible tumba romana [siglos I o II], ou más exactamente tardorromana [siglos III o IV]». Su hallazgo es especial por dos razones: porque sería el primer enterramiento romano localizado en Pontevedra y porque, de serlo, su ubicación no es habitual, ya que «tradicionalmente os enterramentos romanos están fora das cidades, e neste caso está metido no muro da edificación, pola parte de fora», subrayó Chao.
Además, esta posible tumba dejó para los arqueólogos otra joya: la existencia de restos orgánicos, concretamente varios trozos de carbón. Estos restos serán sometidos a la prueba del carbono 14, lo que permitirá una datación bastante fiable.
Trabajo de gabinete
Los restos, en cualquier caso, tras ser convenientemente documentados, volverán a descansar bajo las piedras del centro histórico tras ser protegidos por sendas capas geotextil y de zaborra. Y lo que queda por delante es lo que Castro describe como «unha fase de traballo de gabinete para analizar os novos datos que obtemos desta escavación e relacionalos con outros que xa temos». Todo ello para ir completando el puzle.