El día más negro para la Brilat

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Se cumplen ocho años de la tragedia del helicóptero Cougar

20 ago 2013 . Actualizado a las 15:33 h.

Tal día como ayer, pero de hace ocho años, la Brilat sufrió la mayor catástrofe en una misión internacional: doce de los diecisiete fallecidos al accidentarse un helicóptero Cougar en Herat (Afganistán) procedían de la base pontevedresa.

Ayer la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), a través de su secretario general Mariano Casado, «echó de menos que no hubiera habido ningún acto de recuerdo u homenaje por parte del Ministerio de Defensa. Creo que debería ser algo obligado».

Casado recordó que hace algo más de doce meses un juez togado militar archivo, por segunda vez, la causa abierta al concluir que no hay indicios de reproche penal, así como rechazó «definitivamente» la tesis de un atentado. De hecho, los tres informes desclasificados por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que mantiene agentes desplegados en zona desde hace años, no apuntaron en ningún caso a que el helicóptero fuese derribado por la insurgencia.

Y eso pese a que un mulá talibán reivindico el ataque. Fuentes militares subrayaron que una táctica típica de la insurgencia afgana es tratar de convertir cualquier accidente que se cobre vidas humanas aliadas en el fruto de una exitosa ofensiva. «De este modo, logran atraer la atención de los medios occidentales y, por otros lado, asientan su prestigio entre los distintos clanes. Y todo con mentiras», precisó un oficial de la brigada con amplia experiencia.

En cuanto a las causas, en su día, los investigadores precisaron tres factores que pudieron desencadenar el siniestro. Así, indicaron que se trataba de un vuelo a baja cota y a alta velocidad en el que la aeronave tenía que adaptarse al terreno; las condiciones meteorológicas; y la realización de una «posible maniobra agresiva a muy poca altura del suelo».

Eran las ocho y media de la mañana en España, las once en Afganistán, cuando se produjo el siniestro. Este Cougar y un helicóptero gemelo habían despegado del aeropuerto militar de Herat y estaban volando hacia la localidad de Shindand en el marco de una campaña encaminada a garantizar la seguridad de los comicios que se iban a celebrar en septiembre del 2005.

La hipotésis del atentado sí que se le pasó por la cabeza al piloto de la segunda aeronave, quien no lo dudó y realizó un aterrizaje de emergencia.

Siete años después de aquellos hechos, en el 2012, la justicia militar consiguió localizar a los únicos testigos directos de lo ocurrido, los mismos que habían sido interrogados por los agentes del CNI el mismo día del accidente. Esta vez por videoconferencia, cuatro jóvenes afganos volvieron a repetir lo mismo, que no se produjo ningún disparo ni detonación que pudiera avalar la tesis del ataque.

Enfatizaron que la zona en la que viven, por aquel entonces, era «tranquila desde que fueron derrocados los talibanes».

El hecho de que los informes no sean contundentes al respecto de las causas puede alimentar toda clase de especulaciones. «Nunca se supo a ciencia cierta cual había sido la causa real del hecho y eso nos preocupó, primero, por las familias y, segundo, porque hay otros militares que están realizando esa misma ruta y esos mismos servicios», apuntó ayer Casado.