El carrito «desaparecido»

Dos concejales de Marín se llevan en una furgoneta el carro de un barrendero que limpiaba una de las calles cercanas


marín / la voz

Un carrito de la limpieza esfumado en el centro de Marín. Un caso digno de Hércules Poirot o de Miss Marple, los detectives de Agatha Christie. O quizás materia para un capítulo de Cuarto Milenio de Iker Jiménez. Lo único cierto es que la aventura de dos ediles y un barrendero hizo reír a más de un trabajador del Concello y es que el asunto ya tuvo un precedente en el gobierno anterior.

Todo comenzó a media mañana en Touriño Gamallo. El barrendero tiene como costumbre dejar el carrito aparcado en esta calle, donde la acera es más grande, e internarse después por la maraña de calles próximas y más estrechas como los dos Bustos. Se justifica en que en las otras calles la acera es más pequeña y si va con el carro, una persona con un cochito tiene que bajar a la calzada. Según él, lo deja solo quince minutos. Por eso se sorprendió por la desaparición.

Quejas vecinales

La versión de la edila de Medio Ambiente, la popular Marián Sanmartín, es distinta. Afirmó que está cansada de llamadas de vecinos que denuncian el «estacionamiento» del carrito una media de dos horas.

Sanmartín pidió al capataz que pusiese fin a esta situación, porque entiende que el carro es «el instrumento de trabajo del barrendero y tiene que estar siempre con él». Ahí parecía que se quedaba la cosa, pero no fue así.

La concejala y el edil Benito Touriño se acercaron ayer a la zona para inspeccionar la ubicación de un contenedor y se encontraron con el carrito aparcado. Los ediles buscaron al barrendero en el Busto y no lo encontraron. Entonces, para no escuchar otra vez quejas de los vecinos, subieron el carro a una furgoneta del Ayuntamiento y se lo llevaron a una nave municipal.

Cuando el barrendero regresó, no lo encontró y volvió al Concello con la escoba, pero sin el carro. Todo el episodio provocó la queja del CSIF porque no se le avisó al barrendero de la retirada del depósito.

Para el Concello, dejar el carrito aparcado dos horas es una «vergüenza» y para el sindicato, que insistió en que solo son 15 minutos, el control sobre los barrenderos es excesivo y hay cosas más importantes que resolver en el Concello. Sanmartín apeló a los vecinos. A ellos, en su opinión, corresponde la última palabra sobre quién tiene la razón.

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