La Policía Local habilitó un dispositivo para garantizar la fluidez circulatoria
02 nov 2012 . Actualizado a las 06:56 h.«Verdaderamente, hace un día de difuntos», comentaba una de las personas que se afanaba en la limpieza de un panteón en San Mauro. Lo decía mientras caía una fuerte tromba de agua, pero ni la peor borrasca podía frenar ayer la avalancha de visitantes que registraron los cementerios. Los pontevedreses acudieron de forma masiva a depositar flores en las tumbas de los familiares y amigos fallecidos, cumpliendo con una tradición muy arraigada.
Los camposantos estaban relucientes, con los nichos y panteones impecablemente adornados con las miles de docenas de flores que se vendieron estos días en el mercado de A Ferrería, en almacenes y floristerías. Como es habitual, el cementerio de San Mauro, por ser el de mayor capacidad, fue uno de los más concurridos y reforzó sus servicios. Seis operarios de guardia, repartidos en dos turnos, se encargaron de atender todas las incidencias y necesidades que se producen en una jornada como esta, desde el vaciado continuo de los contenedores, hasta ayudar a abrir la cerradura oxidada de la vitrina o colocar la escalera a personas mayores con dificultades para acceder a los nichos más altos. Ayer no había tumba sin flores y, como siempre, llamaron la atención los panteones de las familias de etnia gitana por la profusión de adornos e imágenes y la permanencia ante ellos de los allegados de los difuntos durante todo el día.
Fuera de los recintos se notó también la avalancha de visitantes, con los inevitables problemas de aparcamiento. Y en las vías de acceso, la Policía Local montó dispositivos especiales para evitar atascos.
Los cementerios están llenos de historia y muchos de los visitantes aprovecharon para recorrerlos y ver las tumbas de Perfecto Feijoo, Eduardo Vincenti, Sánchez Cantón, Alexandre Bóveda, Montero Ríos o Iglesias Vilarelle, enterrados en San Mauro.