Las hermanas Lorente fueron las primeras pontevedresas en casarse en el antiguo restaurante de la emblemática cafetería de la Herrería
28 oct 2012 . Actualizado a las 06:56 h.Hoy forma parte de la fisonomía de la ciudad. La cafetería y la terraza del Carabela son signos de la identidad de la praza da Ferrería y de la capital pontevedresa desde su apertura hace 66 años. El establecimiento ha sido testigo directo de los cambios sociales a lo largo de más de medio siglo. Y si bien algunos recuerdan todavía que en su sótano se celebraban en los años sesenta «timbas feroces» entre jugadores de cartas, son pocos los que recuerdan que durante su primera etapa, el Carabela también fue restaurante. Incluso en el emblemático local llegaron a celebrarse convites de bodas, algo distintos a lo que son hoy día.
Sus actuales propietarios, Manuel y David Alvariño, conservan las copias de las tarjetas de los dos primeros enlaces que se celebraron en el restaurante, ubicado en el piso superior de la cafetería. Son, curiosamente, los de dos hermanas, Carmela y Concepción Lorente Sanjurjo.
Carmela, que luego regentó la administración de loterías número 4 de la ciudad, actualmente en la calle Reina Victoria, fue la primera en casarse, con Antonio Díaz Bedia. «Ella nos contó -señala su hija Carmela- que fue la primera boda que se celebró en el Carabela». Del enlace se cumplirán 65 años el próximo 6 de noviembre. «Lo que ocurre es que, -señala Lorente-, además de que por un lado, las bodas no eran como ahora, en el caso de mis padres ocurrió que se había muerto un familiar muy poco antes, así que no hubo tanta celebración».
La tarjeta da cuenta del lunch que ofrecieron los novios, a base de fiambre, jamón serrano, jamón de York, cima de ternera, sandwichs surtidos, medias noches al foie-gras, pastel de hojaldre, de crema, brazo de nata y, por supuesto, la tarta nupcial. El almuerzo se completaba con vino de Jerez, seco y dulce, oporto y el cóctel cap, además de café, té y chocolate.
La segunda
Tres meses más tarde, la hermana de Carmela, Concepción, se casó con Ricardo López Molero. En este caso, el menú que se degustó en la celebración sí tiene más que ver con una boda moderna. Fue el 26 de febrero de 1948 y la comida incluyó aperitivos, dos platos y postres, con ostras, fiambre Carabela, huevos al Gran Duque, lenguado minier, pollo a la parrilla, tarta nupcial y helado de nata, regado con vinos Rivero blanco y tinto. Para la sobremesa, café, coñac Soberano y Champagn Codorniú.
El restaurante del Carabela cerró en 1954 o 1955, según cuentan sus actuales dueños, y el establecimiento se centró en su faceta de café bar. El reclamo pasaron a ser los pinchos en una cocina de taberna. «A partir de ese momento y luego en los años sesenta se crearon otros restaurantes como Solla o Calixto», recuerda el historiador Xosé Fortes, que concentraron los convites nupciales.
El Carabela fue fundado por Aurelio Fontán, quien también creó antes el Bar Savoy y luego la cafetería Lar, y después fue traspasado a Manuel Alvariño, cuyos descendientes siguen gestionándolo hoy. Junto al citado Savoy y el Méndez Núñez formaba el epicentro de la vida social. «Nacieron un poco como competencia hacia el Méndez Núñez», añade Xosé Fortes Bouzán.